El final de una película en un pasillo oscuro

El propósito de todo nuestro trabajo es revelar al Creador. No lo tenemos y aparte de Él no hay nada más en la realidad.

El Creador es la fuerza incluyente de la cual formamos parte, aunque no lo percibimos. Nuestro deseo egoísta no distingue al Creador, no está sintonizado en la misma onda, no posee la propiedad que Él posee. Es debido a esto que trabajamos específicamente en nuestro deseo que necesita transformarse, redirigirse para revelar al Creador según la ley de equivalencia de forma.

Por ahora vemos, escuchamos, tocamos y olemos con nuestro deseo. Al transformarlo, expandiremos el alcance de las sensaciones. Pero esto no significa que incrementaremos la sensibilidad de nuestros sentidos a través de herramientas suplementarias como radares, radios, telescopios o microscopios. No aumentamos la sensibilidad del deseo egoísta. Sino que cambiamos su esencia, de una percepción interior a una exterior y agregamos una capacidad para detectar cosas que se encuentran en el exterior en lugar de aquellas que provienen del interior.

Cuando el deseo se transforma de esta forma, se expande de los cinco sentidos físicos (corporales) de la vista, el oído, el olfato, el gusto y el taxto, a los cinco sentidos espirituales o Sefirot: Keter, Jojmá, Biná, Zeir Anpin y Maljut. Ahora opera en forma opuesta: otorga en lugar de recibir y percibimos la realidad superior a través de la aspiración de otorgar.

Aunque no estamos familiarizados con ello, las cosas pueden cambiar. Esto es lo que nos dicen las personas que lo han logrado y adquirido una nueva vida completamente.

Ahora mismo vivimos en la realidad de los cinco sentidos, una imagen del mundo pintada por el deseo egoísta. Pero una vez que cambiemos la intención de la percepción, saldremos de dentro de nosotros y comenzaremos a percibir la realidad exterior en el atributo de otorgamiento que adquirimos además del atributo de recepción que ya tenemos.

Este es un nuevo mundo que se revela en nuestros cinco sentidos. Tiene sus propios colores y sonidos, mente y movimientos del alma, esto es, tiene todo que tenemos aquí y mucho más que esto,  más claro y perfecto. Estas son nuestras raíces terrenales.

Esto es lo que necesitamos lograr, a lo que queremos llegar. Después de todo, nuestro deseo egoísta que opera según el principio de consumo ya se ha agotado. Nuestro egoísmo se desespera y estamos perdiendo el interés por “la película” que ya hemos visto y revisado. Ya no nos preocupa la película de esta vida y ya no nos llena.

La humanidad entera está llegando a esto. La percepción vuelta hacia el interior ya no nos proporciona placer. Hemos agotado las reservas y ahora comenzamos a investigar la percepción externa. Sólo que cuando cambiemos nuestro deseo para ir hacia fuera desde dentro, veremos un mundo invertido, el mundo del otorgamiento, como se ha dicho, “He visto un mundo invertido” (“Olam Afuch Raiti”).

(26396 – De la lección diaria de Cabalá del 12 de noviembre 2010 – Ven a Faraón.)

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