La conexión es vida

Nuestra característica natural es el amor propio: una fuerza egoísta de odio y rechazo. Así es como inicialmente nos percibimos a nosotros mismos. Por otra parte, todo en el mundo está permeado con la fuerza de conexión mutua, la fuerza de amor y atracción.

La Cabalá habla de amor específicamente en este sentido, sin implicar en absoluto nada de lo que etiquetamos como “amor” en la vida mundana. Amor significa que yo absorbo el deseo de otro para satisfacerlo lo mejor que pueda.
Este fenómeno tiene su raíz en las cuatro fases de la Luz Directa. La primera fase (Bejina Alef) nos presenta el deseo de recibir placer. La segunda fase (Bejina Bet) es el deseo de complacer, que entiende que específicamente al recibir será capaz de deleitar al Creador. Esta etapa se considera como Biná o Elokim. Toda la creación resultó de esto.

Más adelante, la tercera fase (Bejina Gimel) aparece, la cual recibe placer por el bien del otorgamiento, seguida por la cuarta fase (Bejina Dalet), Maljut, la cual es recepción pura.

Ahora, en la fase de Maljut, debemos llegar a ser similares a Biná, otorgamiento puro. Al unificar dos deseos principales, recibir y otorgar, formamos el deseo de recibir para otorgar. Así, al hablar de amor, implicamos la fuerza de Biná que desea recibir toda la gran Luz de Arriba con el fin de pasarla, sin quedarnos nada para nosotros mismos. Esto es lo que debemos alcanzar mediante la corrección.

Como resultado, el sistema entero está dividido en dos partes: Una está ante y por encima de mí, y otra está detrás y debajo de mí. Yo recibo todo desde Arriba del Creador y lo paso hacia otros. De la misma forma, las células se comportan cuando sirven al cuerpo.

¿Qué tiene una célula individual? Nada. Sólo recibe y lo pasa hacia las otras, y todas ellas están conectadas por lazos de amor. ¿Qué está entonces oculto en este otorgamiento colectivo? La interconexión de las partes crea un espíritu único, un campo especial, que es la vida misma.

Ni una célula ni un órgano se siente vivo individualmente. Sino que la conexión correcta permeada por el otorgamiento mutuo engendra la sensación de vida en ellos. Generan vida no en cada uno de ellos por separado, sino específicamente en conexión mutua. La clave no está en ellos; ellos simplemente llevan a cabo una condición, es decir crear equivalencia de propiedades, y luego la Luz, el Creador, se viste en su conexión. Esto es la vida del ser creado.

La conexión mutua entre nosotros crea un lugar para la Luz. En otras palabras, es el Kli (vasija) en el cual experimentamos la vida al grado de nuestra conexión. El ser creado vive en la medida de su similitud con el Creador, la fuerza cósmica de amor y unidad que gobierna en el Universo.

(25266 De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 29 de octubre 2010 –  Kallut Adam.)

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta