La pared interna

En la Convención Mundial de Cabalá adquirimos una nueva sensación que ahora debemos implementar. Nosotros sentimos que delante nuestro hay una pared, y debemos destruirla por medio de la Luz Superior, el Creador. Él es quien nos falta, que diga: “Ven a Faraón”. Para eso debemos entender, y principalmente estar de acuerdo con el hecho de que rompemos la pared para causarle placer a Él, y no a nosotros mismos. Nosotros nos olvidamos los dos factores principales en el camino:

  1. Es posible avanzar hacia adelante únicamente gracias a Su fuerza.
  2. Nosotros avanzamos hacia el otorgamiento al Creador.

Todo esto aun se nos escapa. Mientras tanto, en vez de otorgamiento al Creador, nosotros pensamos en nosotros mismos. En nuestro intento de romper el Majsóm (barrera), tratamos de hacerlo con nuestras propias fuerzas y no por medio de las del Creador. De este modo, la meta y también el medio aun están encerrados dentro de nuestro egoísmo.

De todas formas, este es un buen estado, porque comenzamos a entender los criterios principales del avance espiritual. Ha aparecido frente a nosotros un obstáculo y debemos hacer algo con él. El obstáculo en si no existe – es un obstáculo sicológico que está dentro nuestro, y si nos encaminamos correctamente, entonces este desaparecerá.

El pensamiento sobre el beneficio del Creador es opuesto a mi naturaleza y mis compañeros tampoco lo tienen, sino que este se encuentra precisamente dentro de nuestra unión. Por lo tanto debemos trabajar en tres aspectos:

  1. Yo me conecto al grupo.
  2. Junto con los compañeros debo definir el anhelo correcto, que gracias a él romperemos el Majsóm: uniéndonos, atraeremos la fuerza del Creador.
  3. Todo esto se hace para causarle placer a Él; en otras palabras – conseguir la adhesión a Él.

La preocupación común e incesable debe despertarnos a todos. Esta es la Arvút (garantía mutua); un grupo no es las caras de los amigos, sino la sociedad y la unidad espiritual, que penetra en cada uno a través de pensamientos sobre la meta. De pronto comenzamos a pensar en eso, a desearlo. Cuando cada uno intenta alinear su deseo, este se expande en círculos en todo el mundo, y no es limitado por ningún obstáculo ni distancias.

La Arvút simboliza que yo soy responsable de todo el sistema en el que el Creador me ha situado. Si yo no mantengo la intención correcta, entonces en ese preciso momento todos son botados del pensamiento correcto. Yo me desconecto, dejo de abastecer a mi cuerpo integral. ¿Acaso pueden el hígado o los riñones salir de vacaciones?

Por lo tanto yo le pido al grupo mundial que todo el tiempo piense en la Meta de la Creación, en otorgar al Creador. Entonces así yo tampoco perderé el contacto, esté donde esté.

(De las preguntas y respuestas en la clase diaria, el 19 de noviembre 2010)

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