La recompensa de la verdad

La humanidad como un todo y cada persona individualmente puede estar dividido en los siguientes tres tipos de deseos:

1. Aquellos que son indiferentes a la espiritualidad y permanecen en el nivel animado de la existencia. Ellos se relacionan con los otros para encontrar el camino más cómodo y placentero de interacción. Estas personas no calculan más allá de, “Yo contra el ambiente”.

2. El segundo tipo incluye a los religiosos y aquellos que creen en que serán recompensado por sus “buenas” obras, que siguen sus propias normas. La fe y la filosofía no les importa: algunos temen a la policía y otros temen al Creador. Ellos buscan la recompensa de su entorno, pero el religioso espera también ser recompensado en el mundo por venir. Ellos son los receptores de un pago de una forma u otra y cada uno define la recompensa máxima que espera en un cierto momento.

Estas personas no tienen la menor intención de corregirse y por lo tanto no tienen ninguna relación con el Creador. Sencillamente practican la auto ayuda psicológica, esperando recibir en el mundo por venir a cambio de ciertas acciones que realizan en este mundo.

Están dispuestos a pagar y sufrir muchas dificultades en este mundo para cobrar una recompensa considerable, que les han dicho espera a los justos cuando mueren. Creen que el éxtasis y el paraíso que van a experimentar en el futuro es incluso digno de morir.

3. Los cabalistas son aquellos que entienden que todo lo antes mencionado es una mentira y que no opera así, que el principio de “haz algo y recibe una recompensa” no funciona en una relación con el Creador. No se sostiene cuando se pone a prueba en la realidad de la vida o de la historia de la humanidad.

En esta etapa, la persona llega a una meta sublime: conocer el propósito de la vida. No le preocupa tanto la recompensa o el castigo (“dulce” o “amargo”); desea profundizar y conocer la verdad (“verdad” o “falso”). Puede sufrir y no recibir nada por ello, pero la verdad es la recompensa que busca. Entonces una persona no mide según la satisfacción que siente o cuán dulce o amargo parece, sino por lo que es verdadero o falso.

(25776 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 3 de noviembre – El Creador e Israel marchan al exilio.)

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