Los infortunios del egoísmo se convierten en una vasija

Con el fin de adquirir una nueva percepción, necesitamos un gran deseo que nos permita reemplazar la tendencia de consumir por la aspiración de otorgar. Esta transición hacia la percepción invertida del mundo con una aspiración de otorgar es extremadamente difícil. Es similar al nacimiento, y el nacimiento es siempre un fenómeno extraordinario incluso en esta era de la medicina moderna.

El infante sale de un lugar particular al que estaba atado. Aquí recibía nutrientes especiales y  protección; aquí estaba sujeto a leyes de desarrollo. El ambiente no lo rechazaba, más bien lo cuidaba. Ahora entra a un mundo hostil, un nuevo entorno, en donde debe batallar para vivir y crecer. Es una revolución sin paralelo en su existencia.

Lo mismo sucede durante el nacimiento espiritual. Un nuevo sentido universal se revela, un sentido de sensaciones externas (fuera del útero de este mundo) basado en otorgamiento y por consiguiente empezamos a percibir un mundo nuevo en él

Durante la Convención dimos un gran paso adelante en esta dirección. Realmente queríamos nacer, levemente experimentamos alguna contracción y vimos que no éramos capaces de hacerlo. Sentimos que algo nos detuvo y nos hizo volver hacia atrás de inmediato. Junto con la buena fuerza  que nos atraía hacia adelante, sentimos la fuerza mala que nos empujó hacia atrás al útero de la madre; no nos deja abandonar las fronteras de este mundo y no nos deja percibir el nuevo mundo.

Necesitamos sentir varias contracciones como esta antes de nacer. La cantidad y la frecuencia dependen de nosotros. De cualquier forma, el proceso del nacimiento no terminará sin ellas y no iremos afuera.

Dos fuerzas chocan durante el nacimiento: nuestra presión desde dentro y el opuesto que arrebata desde afuera. Su confrontación engendra un deseo nuevo y fuerte en nosotros por ir al mundo espiritual. No lo podremos lograr sin este deseo.

Las contracciones del nacimiento en la Torá son denominadas “las plagas de Egipto”. Nuestro egoísmo debe experimentar diez (la dosis completa) aflicciones, que se graban en el deseo y le dan la forma de una vasija, un Kli. De esta forma un “trozo de barro” informe, se convierte en una vasija lista para recibir la Luz Superior, el mundo espiritual.

Debemos experimentar las contracciones para adoptar la forma correcta, sin la cual es imposible percibir algo espiritual. Entramos en el proceso durante la Convención. Con respecto a la Luz, nos rodea y espera un lugar para entrar.

(26394 – De la lección diaria de Cabalá del 12 de noviembre 2010, Ven a Faraón.)

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