Nacimiento: la primera contracción

Durante la Convención intentamos cruzar el Majsom, nacer al mundo espiritual, adquirir un nuevo sentido y sentir lo que existe fuera del deseo de placer. A esta percepción le decimos externa porque está dirigida hacia el otorgamiento.

Lo que descubrimos es que esto es muy difícil. La presión ejercida de inmediato nos enfrió, “congelándonos”. Ya no lo quisimos, pensamos que somos incapaces de ello. “Lo que sea, menos la unidad verdadera y el Mundo Superior que se encuentra dentro”.

Como resultado, nuestras expectativas no se volvieron realidad. El egoísmo, el Faraón, nos hizo retroceder. Esto nos permitió sentir un poco de odio hacia él, descubrir al enemigo y odiarlo, comenzar a entender que si no lo vencemos no vamos a nacer. El oponente ha sido identificado y lo discernimos cada vez con mayor claridad.

Ahora tenemos que llevar a cabo otras acciones análogas. A cada vez adoptará una nueva forma porque nada se repite en la espiritualidad. Parecerá como si las acciones fuesen las mismas, pero se sentirán en forma diferente y en el siguiente estado no podremos reconocer el estado anterior. 

Estamos hablando acerca de las contracciones del nacimiento, llamadas “Tzirim”, en hebreo, que también es la palabra para las bisagras de una puerta. El útero de la madre en donde nosotros nos encontramos se parece a la forma de la letra Mem cerrada (ם).  La Mem es Biná que nos encierra entre dos puertas. En hebreo la palabra “puerta” es Delet. En otras palabras, entras entre dos letras Dalet (ד), que forman la letra Mem.

Durante las contracciones empujamos las puertas para que se abran por medio de las bisagras Así es como el feto empuja desee dentro para salir. (Tzir es una bisagra, Tzirim son las bisagras de una puerta, y Rejem es el útero, que viene de la palabra Rajamim,  misericordia, la calidad de Biná)

El Faraón, nuestro egoísmo, obstruye nuestro nacimiento, pues ha sido deliberadamente creado por el Creador para ejercer una presión de oposición hasta que adquiramos en deseo fuerte, hasta que nos volvamos dignos de ver y sentir al Creador, la realidad externa y vivir en ella. De otra forma seremos prematuros y no estaremos listos para el nuevo mundo. Resulta que el Faraón es una buena fuerza. A pesar de que aparezca ser un enemigo, en realidad su oposición crea un deseo lo suficientemente fuerte para que abramos la puerta del útero y vayamos hacia afuera. 

Hemos empezado el trabajo que nos sacará del poder del Faraón y estoy muy feliz que hayamos llegado a esta etapa, que he estado esperando hace mucho tiempo.

Entre mayor sea la desilusión y más fuerte la oposición, mayor la profundidad de la desesperación, luego de que las expectativas de la persona no reciben respuesta y es rechazada. Es lo mejor para una persona porque su odio hacia el Faraón se vuelve más grande. Hemos experimentado una de las contracciones. Una cuantas contracciones más, y naceremos a la Luz

Vamos a redoblar la velocidad, lo cual depende de nuestro trabajo.  Dejemos que la fuerza que nos impulsa hacia adelante y la fuerza del Faraón que tira de nosotros, se unan en un salto decisivo hacia adelante, hacia el nacimiento.

(26390 – De la lección del artículo de Rabash del 12 de noviembre 2010.)

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