Tu propia Haggada de Pascua

Salir del exilio es salir de nuestro deseo egoísta, ascender desde este mediante fe por encima de la razón, de Lo Lishmá (por uno mismo) a Lishmá (por el Creador), del amor de mí mismo al amor de otros. ¿Qué experimentamos mientras nos preparamos para este éxodo y huir de nuestra “voluntad de recibir” hacia la “voluntad de otorgar”? Es de suma importancia para nosotros saberlo ya que nos acercamos a este estado justo ahora.

“He aquí el pan de la aflicción comido por nuestros ancestros en la tierra de Egipto” (Haggada de Pascua). Cuando residimos en nuestro ego, comemos el “pan de la aflicción del indigente” porque somos mendigos en relación a la espiritualidad y recibimos sólo una diminuta parte de Luz, una mínima chispa de vida (Kista de Hayuta) o la así llamada “tenue iluminación” (Ner Dakik) que trae vida a todo nuestro mundo.

No es el “pan” comido en Egipto. En Egipto, hay mucha comida. Nuestro ego nos da todo: ¡Por favor, disfruta! Sin embargo, tan pronto como comenzamos a desear el mundo espiritual, mucho antes de salir del egoísta “Egipto,” comenzamos a saborear el “pan de la aflicción” ya que no entendemos cómo puede uno llegar al otorgamiento y qué bien hay en ello.

Yo no pruebo ningún sabor en ello. Todo es seco e insípido como esta simple galleta hecha sólo de harina y agua. Así es como el mundo espiritual hacia el que estoy caminando luce para mí. ¿Tengo que huir del próspero Egipto, todas estas adornadas ollas llenas de pescado y carne, ricas y deliciosas, para vivir del pan de la aflicción en el desierto? ¿Eso es lo que anhelo?

Sin embargo, en realidad es así. Por esto está escrito que “el mandamiento de comer pan sin levadura (Matzot, el pan de la aflicción) fue dado a los hijos de Israel mucho antes de su éxodo de Egipto como un símbolo de la liberación que llegaría a pasar a toda prisa.”

“A toda prisa” significa que de otra manera es imposible salir del egoísmo. La espiritualidad luce tan desagradable y repulsiva que el salir hacia esta debe ser de prisa debido a la fuerza agresiva, externa que tira desde el egoísmo. Yo, por mí mismo, soy incapaz de dar un paso fuera de este mundo maravilloso como aparenta a mi deseo egoísta.

Y con respecto al mundo espiritual, luce como la oscuridad más negra para nuestro ego. No hay nada atractivo para nuestro egoísmo ahí, y no quiero verlo. Entonces, el escape se puede hacer sólo “a toda prisa”; soy arrojado fuera de ahí abruptamente. Esperemos que lo mismo sea hecho con nosotros.

(25458 – De la cuarta parte de la lección diaria de Cabalá del 31 de octubre 2010 – Esto es para Yehudá.)

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