Un trasplante de mi alma

Cuando me conecto al grupo, es como si trasplantara mi alma de un lugar a otro, del cuerpo en el que estoy ahora hacia otro cuerpo. Transfiero mi alma de sentir su presencia en este cuerpo, a sentir que la estoy transfiriendo a otro

Este otro cuerpo es llamado el grupo. Sin embargo, por “grupo,” no quiero decir los rostros de mis amigos, los individuos que están más o menos conectados entre ellos. Por grupo, quiero decir un nuevo sistema, o ni siquiera un sistema, sino más bien un nuevo deseo que existe fuera de mí.

Este es el deseo más corregido que existe al final de la corrección. Este deseo no tiene carencia porque el Creador existe dentro de este y lo llena por entero. Este es un grande y perfecto deseo al que sólo le falta una cosa: mi conexión con él.

Esto es similar a un órgano trasplantado que tiene que ser aceptado por el nuevo cuerpo y siente sus diferentes partes, entonces se anula ante ellas y se conecta a través de las entradas y salidas de los vasos sanguíneos. Así es como un órgano trasplantado llega a familiarizarse más y más con este sistema, se conecta a este, y comienza a funcionar junto con él. Entiende que todo depende del grado al que sea capaz de integrarse en el sistema para convertirse en una parte indivisible y literalmente perderse dentro de él.

Esto es llamado llegar a Maljut (Reino) del Mundo de Infinito, el último grado de corrección. El grado al cual me conecto a este nuevo deseo (grupo) es llamado Shejina (Divinidad, la presencia del Creador) ahí es donde Lo revelo.

(27089 – De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 5 de noviembre 2010 – Rabash, El asunto de la Shejina.)

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