Una pared y un mazo para todos

Si en nuestro camino, el llenado espiritual se volviera disponible para nosotros como está pidiendo todo el mundo, bloquearía nuestro deseo de espiritualidad. Este es el mayor obstáculo en el camino.

Por lo tanto, me dan un muro que obstruye mi camino. Me paro ante él, anticipando las maravillas que me espera al otro lado. Sin embargo, si la pared me ha sido revelada, eso significa que ya estoy equipado con una fuerza de resistencia para que no deje de avanzar, y me abra paso por entre este muro.

A pesar de que no puedo lograrlo de un solo golpe y debo aplicar un poco más de golpes hasta que lo rompa, el muro se irá  agrietando y finalmente se derrumbará. Pero ya tengo la fuerza que es necesaria para romperlo, el poder de ataque, o no me ha sido mostrado.

 Si ahora vemos el muro de pie ante nosotros, el muro que tenemos dentro, en nuestros corazones, es un signo de nuestra habilidad para irrumpir a través de él. De lo contrario, no se nos mostraría ya que “no se interponen obstáculos frente a los ciegos”. Pienso que fuimos capaces de superarlo, y es por eso que hemos dado un paso hacia la unidad.

Ahora, sólo tenemos que unirnos, gracias al estudio y al resto del trabajo que hacemos y gradualmente recolectamos, de migaja en migaja, todos nuestros esfuerzos en una fuerza de ruptura colectiva. Necesitamos hacerlo para descubrir, probablemente una vez más que esta fuerza es insuficiente para romperlo, y tenemos que unirnos aún más.

 Y así una y otra vez reuniremos más fuerza e incrementamos la presión hasta que el muro cae. Ese es el escenario del éxodo de Egipto, el final. Esta es la razón por la que trae alegría.

El problema es que ahora todos experimentan este muro en sí mismos. Mientras tanto, tenemos que sentir que este muro es común para todos, y en la medida que lo hagamos, sentiremos que la fuerza que estamos tratando de emplear para romper este muro es colectiva también. En ese caso, no sería una persona, sino el grupo posicionado contra él.

Es similar a huir de Egipto: una noche, un faraón, una amenaza, las mismas plagas para todo Israel unificado como un hombre con un corazón. Nadie es contado por separado de los demás, y todos unidos juntos. Así es como el grupo debe sentirse. En ese caso, a pesar de la altura aterradora del muro, aún  lo venceremos.

Eso es así porque cuando la gente se une, descubren que carecen de la presencia del Creador entre ellos, y ¡sin Él, no podemos hacerlo! Él se convertirá en la fuerza misma de este avance que arruinará el muro.

Faraón mismo nos va a ayudar. Después de todo, él es quien está ahuyentando a Israel de Egipto y luego sigue y lo guía, como el Zohar describe. Una persona sigue tratando de regresar, mientras que Faraón los arroja a todos fuera de Egipto ya que es un fiel ayudante del Creador.

(26709 – De la parte cuarta parte de la Lección Diaria de Cabalá del 16 de noviembre 2010, La esencia de la religión y su propósito.)

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