Combinando los opuestos

Hay estados que se manifiestan y continúan sólo al final de las cuatro fases de desarrollo de la criatura, cuando la Luz causa que la criatura sienta vergüenza. Cuando la criatura alcanza la cuarta fase (Bejina Dalet), se encuentra en un grado opuesto al Creador, pero realiza todo esto en una manera opuesta: Percibe este contraste como vergüenza, de esta manera, dos polos opuestos aparecen en un lugar, y la vergüenza neutraliza todo el placer de la criatura al negar su propio “yo”.

Al final, la criatura esta lista para restringirse a sí misma y es dejada sólo con una solución: “Debo ser como el Creador en mi acción, no importa lo que esto requiera de mí”. En fases previas, la criatura ya ha probado tanto  la recepción  como al otorgamiento, ya ha estado en el lugar del Creador y ha ganado todas las impresiones necesarias. Ahora está persiguiendo un solo objetivo mediante la restricción de sí misma: llegar a ser como el Creador.

Después de descender por debajo de los velos de los mundos, después de la ruptura de las vasijas y todas las fases previas  de nuestro desarrollo, ahora nos encontramos ante la acción del ascenso de vuelta hacia la Luz. Nuestra generación, es la primera en comenzar la corrección.

Como antes, este proceso combina opuestos directos: Nuestro deseo egoísta quiere recibir placer, y la vergüenza no lo deja hacer esto, mientras que el rudimento del deseo de otorgar es despertado dentro de nosotros. Después de la ruptura de las vasijas, de las fases de Luz Directa, la recepción y el otorgamiento se vuelven parte de nosotros. Cómo consecuencia, debemos mantener dos opuestos dentro nuestro, y esa es la parte más difícil.

Esto es así, porque por un lado, el hombre se desarrolla a través de un deseo creciente, y por otra parte, esto lo aleja aún más del Creador. Por lo tanto, tiene que transformar su deseo con una intención de otorgar. Al fortalecer esta intención, el crecerá y estará más cerca al Creador.

La fuerza del hombre está en su deseo egoísta y la otra fuerza  es su semejanza con el Creador, su poder de otorgar. Estas dos fuerzas opuestas entre sí hacen turnos para manifestarse en nosotros y debemos combinarlas con nuestro propio esfuerzo.

(28583 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 13 de Diciembre 2010, Escritos del Rabash, “La Virtud del Pequeño”)

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