El cielo no es el límite

En la “Introducción al TES”, Baal HaSulam explica que todo depende de los esfuerzos. Pero no es simplemente esfuerzos. Cuando una persona comienza a estudiar la sabiduría de la Cabalá, el todavía no tiene ninguna noción de lo que es el mundo espiritual. El supone que los placeres espirituales se abrirán en sus deseos egoístas.

Es por eso que en un principio él ejerce esfuerzo en la forma habitual, y realmente no puede actuar de otra manera.  Él está dispuesto a invertir su fuerza, el conocimiento acumulado, intelecto y sentimientos, sin darse cuenta que en este camino su “equipaje” personal no ayudará. Con el fin de salir al mundo espiritual, necesitamos la fuerza que viene de lo Alto.

Pero poco a poco, el estudio y el grupo hacen su trabajo, y la persona empieza a entender que el esquema usual no funciona aquí. Oyó esto antes, pero ahora se da cuenta en la práctica que necesita revelar todas las características de un nuevo cuadro dentro de sí mismo.

Él se desilusiona de la aproximación “lógica” y del  juego con los sentimientos. Él descubre que todo lo que tiene no encaja con el desarrollo espiritual para nada.  Nuevos Kelim (vasijas, deseos) son necesarios aquí, los cuales no pueden encontrarse en uno mismo, sino que deben ser recibidos de lo Alto.

De esta manera, la Luz que llega durante los estudios cambia a la persona. Pero él lo ve sólo por los resultados, por los cambios internos, por el nuevo camino en relación al otorgamiento. Los cabalistas nos han explicado todo, sólo que nosotros realmente no queremos ponerlo en práctica: Tú no necesitas ser muy inteligente para entender que nuestro intelecto es absolutamente inadecuado para el mundo espiritual.

Durante miles de años nos hemos venido desarrollando de generación en generación, y cada una era más inteligente que la anterior. Nosotros mismos, vemos cómo nuestros niños captan fácilmente todo lo que vino a nosotros con mucha dificultad.

Debemos entender que todo este proceso de crecimiento egoísta tiene por objeto llevar a una persona a la desesperación, cuando ya no tiene nada que tomar del mundo.  Yo llego a la conclusión que todo lo que el mundo puede ofrecer no es suficiente para mí, alcanzando así el “techo”, el final del camino.

De esta forma, me esfuerzo por algo más alto, quiero algo que existe por encima del “techo”.  Es entonces que el punto en el corazón empieza a hablarme.  Entonces, ¿cómo puedo ascender hacia el lugar de donde se me está llamando? Esto, yo no lo sé.

Un nuevo deseo me espera allí, completamente nuevos instrumentos de percepción, un nuevo sentimiento, y un nuevo intelecto. Pero aún necesitan ser adquiridos.  Esa es la razón por la que llego a la sabiduría de la Cabalá, al grupo, y al maestro. Usándolos correctamente, atraigo la Luz que Reforma, y sólo esta Luz me lleva a la meta.

El nuevo sentimiento y el nuevo intelecto se están formando, naciendo, están surgiendo dentro de mí, y empiezo a mirar al mundo de una manera nueva. El viejo cuadro se retira a un lado y una nueva imagen ocupa su lugar. Esto, de hecho, es un nuevo mundo.

(29350 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá 12/10/10, Escritos de Rabash, Dargot HaSulam, artículo 545)

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