El paso hacia la tercera dimensión

Las industrias fílmicas y de televisión están transitando hacia la imagen en 3D. Así nosotros, también, tenemos que despedirnos de la percepción superficial de dos dimensiones y llegar a ver la profundidad de la espiritualidad en nuestra realidad.

En mi percepción, hay tres dimensiones: largo, alto, y ancho. Esta es mi pantalla. Sobre esta pantalla tridimensional, veo personas, animales, edificios, el sol, y el mundo entero que me rodea.

Experimento todo esto en mi voluntad de recibir (deseo). Aun así, esto me muestra una imagen del mundo no sobre una superficie plana, sino en tres dimensiones, dentro de mí. Ya que aparte de esta imagen no existe ninguna otra, la experimento como la verdadera y la única existente.

Esta imagen fue reunida durante la ruptura de las almas (Kelim, vasijas) cuando mis partes se aislaron de mí: mi “yo” el cual es GE (Galgalta ve Eynaim) y, fuera de este, mi AHP (Awzen, Hotem, Peh) el cual no experimento como mío.

Ahora, finalmente, en lugar de manifestaciones de mi AHP, comienzo a trabajar con el grupo e interactuar con los amigos. Ellos gravitan hacia mí, y yo hacia ellos.

Estamos tratando de trabajar juntos como si estuviéramos en Arvut (responsabilidad o garantía mutua), y esta práctica me ayuda a entender que el grupo así como todo lo demás, en realidad son míos. Al modificar mi actitud hacia la realidad “externa”, descubro que se vuelve más cercana a mí y “se derrama” de afuera hacia adentro.

Así, el grupo es una especie de laboratorio donde intentamos corregir dentro de nosotros los deseos corruptos (Kelim) de manera que nos regresen la profundidad de nuestra realidad que perdimos.

(26020 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 11/5/10, “El asunto de la Shejina”)

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