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Para todo hay una estación

Hoy en día, la sabiduría de la Cabalá debe ser revelada al mundo. En nuestros días, todo el mundo debe saber cuál es el propósito de la vida y cómo alcanzar la raíz de la creación. El alcance de la raíz puede ser comparado con la fruta, donde la vida espiritual de una persona y su desarrollo espiritual equivalen a la tendencia del árbol a estar cargado de frutos.

En una de sus cartas, Rabash explica cómo “cultivar” el deseo al usar la analogía de cultivar un árbol en nuestro mundo. Tenemos que cultivarlo en las cuatro etapas de HaVaYaH hasta que adquiramos el deseo de otorgar, después de lo cual comenzamos a emplear el deseo de recibir con el fin de otorgar. Ese es el “fruto”, es decir, el fin de la corrección del hombre, su madurez.

Pero mientras tanto, habiendo enfrentado la pregunta del significado de la vida, una persona llega a la sabiduría de la Cabalá, el lugar donde esto es realizado por las personas quienes tienen preguntas similares. Este es el período definido como “Lo Lishmá” (no por Su nombre). El enfoque de la persona sigue siendo egoísta, pero ahora desea obtener el mundo espiritual y recoger el “fruto” superior, respondiendo por lo tanto a la pregunta de cuál es el propósito de la vida. Debido a la naturaleza del hombre, él no comprende cómo puede esto ser obtenido de otra manera.

Así es como plantamos la semilla en el suelo, y esta comienza a evolucionar. En primer lugar, una persona camina por el agotado camino egoísta como siempre lo ha hecho y dependiendo de sí mismo, viendo un futuro brillante por delante. Pero después de un tiempo (a veces un par de años), experimenta una sensación provocada por la Luz que Reforma: Comienza a sentir lo que realmente es una naturaleza egoísta.

Entonces, descubre que el mundo espiritual no puede ser alcanzado por medio del uso de sus sentimientos y mente acostumbrados, él se da cuenta de que esto sólo puede ser alcanzado en oposición a lo que ha sido hasta ahora. Y la persona parece estar perdiendo sus alas. Él no puede moverse hacia adelante con determinación, abriendo cada puerta, como lo hizo antes. En este punto, tiene que comenzar a trabajar consigo mismo, aparentemente desde el exterior, lo cual es a través del entorno: en el grupo, con un maestro y los textos cabalísticos.

Uno tiene que extenderse desde adentro hacia afuera, y sólo entonces, después de haber completado un círculo, la persona puede tratarse a sí mismo como una semilla plantada en el suelo. Él aprenderá a cuidar de esta semilla para que pueda germinar y no se seque en la arena. Él proveerá las condiciones de nutrición para ella: minerales, humedad y luz, lo que sea necesario para su crecimiento. Y sólo entonces su semilla germinará.

(33332 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 21/01/2011, “Porque el hombre es el árbol del campo”)

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Plántate en tierra fértil y crecerás

Una persona no crece por su propio esfuerzo, sino debido a la influencia del entorno. Para adquirir esto, tiene que interactuar con el grupo en una forma espiritual efectiva.

Una persona desea que el grupo lo fertilice con el amor a los demás, en cercanía, y lo conecte con todo lo que está por fuera del egoísmo. Tiene que ver este “más allá del egoísmo” como una realidad más importante que el “Dentro del egoísmo”.

Sólo después de dicho cálculo, cuando el entorno se vuelve más importante para mí que el yo, puedo empezar a absorber sus fuerzas de la vida, en lugar de cerrar la atención en mí mismo. Y entonces, comienzo a crecer.

Este trabajo es sin paradas. Constantemente surgen nuevas Reshimót (genes espirituales de información, registros), deseos y pensamientos en una persona. Tiene que ser capaz de manejar cada segundo, continuamente volver al análisis y la realización de lo que realmente importa: externalidad o internalidad.

Es vital adherirse a los textos cabalísticos, al maestro, y al Grupo. Tal como los cabalistas nos informan, estos instrumentos calibran a una persona correctamente.  Luego, con su ayuda, puede elevarse por encima de sí mismo, por encima del cálculo dirigido al beneficio personal.

Al cultivarse dentro de la semilla del otorgamiento, una persona entra en el vientre del superior, “se pone bajo su influencia, y se somete a su fuerza, su programa y propósito”.  Al pertenecer a sus únicos pensamientos y deseos, ellos se anulan. Esta es la única manera de evolucionar: como una semilla en el suelo y un embrión en el vientre de la madre. Uno tiene que anularse ante el entorno para que le pueda afectar libremente. Esta es la ley espiritual del desarrollo.

Así, poco a poco, aclaramos por nosotros mismos lo que el mundo espiritual es en comparación con el material. Adquirimos una propiedad grande y creciente de otorgar por encima de nuestro deseo egoísta, nos formamos como un embrión, brotamos como un vástago, y finalmente nos convertimos en un árbol que llevará el fruto del otorgamiento.

(33326 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 21/01/2011, “Porque el hombre es el árbol del campo”)

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La naturaleza de los peldaños espirituales

Al principio de nuestro camino, en el curso de miles de años de acuerdo al tiempo de nuestro mundo corporal, hemos estado evolucionando influenciados por las Reshimót (genes espirituales), que se despiertan en nosotros y nos fuerzan a realizarlas.

En relación con la naturaleza, nos encontramos en un estado conocido como “este mundo” y debemos pasar a través de este grado. Con cada nueva encarnación, otro deseo de disfrutar, más grande, se despierta en nosotros, el cuál es una Reshimó exaltada, que se supone que debemos realizarla mientras intentamos llenarla al máximo.

Mientras todos los genes de información (Reshimót), que pertenecen a la parte del camino llamada “este mundo”, expiran; nosotros empezamos a experimentar otro tipo de Reshimót. La primera de este tipo de Reshimó, es llamada “un punto en el corazón“.

En este punto, se supone que debemos realizar esta Reshimó basados en condiciones nuevas, en un nuevo modelo: no de acuerdo al deseo de disfrutar de este mundo, pero sí de acuerdo al deseo de otorgar que ahora se está despertando en la humanidad. De esta manera, nosotros avanzamos, siempre en contra de nuestro deseo de recibir, bajo la presión de los genes (Reshimót) que se despiertan en nosotros.

Una persona no puede hacer nada excepto lo que su alma demanda de él, puesto que sus Reshimót están pre-programados con todo lo que va a suceder. En cuanto a nosotros, somos solamente un deseo que es completamente gobernado por éstos genes (Reshimót), de forma similar a una computadora que es programada con programas y datos.

Pero la naturaleza de los pasos espirituales, permanece constante en nosotros. Nuestro deseo de recibir está dividido en 125 porciones o grados por los cuales ascendemos. Y  hasta que hayamos terminado de corregir cada porción precedente del deseo de recibir, habiendo hecho todas las transformaciones en cada grado, es imposible avanzar al próximo peldaño.

La naturaleza de los peldaños espirituales es una ley estricta, no existen trucos que nos ayuden a escapar y a escondernos de ella, o acortarlo perezosamente. Todo depende solamente de que tan ansiosos estemos de cumplir con sus condiciones.

(33258 – De la 4º parte  de la lección diaria de Cabalá del 01/20/2011, “La cualidad de la sabiduría oculta, en general”)

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El conducto de la Luz del Creador

Pregunta: ¿Qué significa “regocijarse en la alegría del amigo y dolerse en su dolor”, y ¿cómo lograrlo?

Respuesta: Alegrarse en la alegría del amigo es sentirse feliz de que llegamos a nuestra meta espiritual juntos, que estamos en el camino juntos. Es cuando siento nostalgia de los amigos dentro de mí y no siento mi propia presencia o afán personal hacia la meta, sino más bien cómo aspiro a esto junto con ellos. De hecho, mi “yo” desaparece, se disuelve en los demás. Así es como alcanzo la vida eterna, también.

El “yo” de una persona ya no existe. Este sólo funciona como un conducto de la Luz del Creador para todos los demás. Así que resulta que todos nuestros “yo” desaparecen. Y en lugar de ellos, surge un todo integral, multiplicado por el número de “yo” que solían haber.

(33303 – De la lección 1 en Moscú del 01.14.2011, “Introducción del Libro del Zohar”)

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El objeto de corrección está dentro de la mujer

Pregunta: ¿Ha habido alguna vez una pareja, marido y mujer, en la historia de la Cabalá, que reveló al Creador específicamente en su relación con los otros? ¿Y han dejado algunas fuentes?

Respuesta: Las parejas de este tipo han existido a lo largo de la historia: Adán y Eva, Abraham y Sara, Isaac, Jacob y Esaú con sus esposas, y así sucesivamente. La parte femenina está siempre en la imagen, porque sin ella, no hay contacto, no hay adhesión (Zivúg de Hakaá), no hay conexión entre el Creador y la criatura.

El único propósito de la parte masculina dentro de nosotros es corregir la parte femenina dentro de nosotros. Por esta razón, desde el punto de la corrección de la creación, es la parte femenina la que requiere corrección. El objeto de la corrección es la mujer. La fuerza de la corrección es el hombre. La Luz de la corrección pasa por el hombre con el propósito de corregir la parte femenina. Cuando parte femenina es corregida, nace el siguiente estado desde la parte masculina.

(33315 – De la lección 1 en Moscú del 01.14.2011, “Introducción del Libro del Zohar”)

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