Dime quién eres, y te diré como se ve tu mundo

Todo ocurre dentro de una persona. En el camino espiritual, él comienza a caer en cuenta de que no hay fuerzas fuera de él. Las fuerzas de la naturaleza, la fuerza del grupo, todo está dentro de él, y él trata todo como relevante para sí. En este caso, el grupo entra, las fuerzas de los amigos aparecen en el interior, y la persona ve más claramente que todo depende del grado de sus cualidades.

Por ejemplo, este capítulo semanal de la Torá (“Mishpatím”) nos habla de preceptos jurídicos. Este prohíbe el casarse bajo ciertas circunstancias, yacer con bestias, robar, juzgar de manera injusta, y así sucesivamente. Todo esto se refiere al “requerimiento” interno: Una persona debe construir relaciones correctas con su “bestia”, “ladrón,” y “la esposa de otro”. Todo está en el interior.

Mientras organizo las fuerzas de mi alma, continúo viendo el mundo externo, pero en este punto, me doy cuenta de que las fuerzas de todos los objetos externos residen dentro de mí. Llego a tal conclusión, volviéndome más consciente de cómo mi actitud cambia y atrae dentro de mí la auténtica imagen. Comienzo a ver el mundo externo como una copia, una proyección, de mis propiedades internas. Soy yo y sólo yo, dentro de mí, quien cambia la imagen del mundo al alterar las combinaciones de fuerzas, propiedades, y deseos.

Me vuelvo más y más consciente de que este trazado está pintado y formado solamente por mí. Como resultado, toda su imagen cambia también. No hay otra; esta es la única forma en que lo veo.

Una persona trabaja en el interior con sus deseos, intenciones, pensamientos, y actitudes. Así es exactamente como los cabalistas nos aconsejan relacionarnos con todo lo que tenemos en el interior. Una persona se rompe en 613 partes, deseos, y ve que su mundo interno, así como el externo, cambian. Tan pronto como cambia una actitud, también cambia el mundo.

Todo está ahora dentro de una persona, y finalmente él ve la imagen auténtica. Vez tras vez, él pide las nuevas fuerzas de otorgamiento para llegar a la verdadera forma con lo mejor de sus habilidades.

Uno siempre tiene sólo un instrumento para ascender al siguiente peldaño, su entorno: el maestro, los textos cabalísticos, y el grupo. Él construye un lugar a partir de estos donde recibe las fuerzas para cambiar y la forma del cambio, avanzando con ello.

Así, gradualmente, gracias a este trabajo, todo el enorme deseo por placeres transita hasta el área de la propiedad de otorgamiento, en partes, pieza por pieza.

(33744 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 26 de Enero 2011, Escritos de Rabash)

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