En el camino hacia el Faraón

Nos juntamos escuchamos una lección, y hacemos algo sin mucho deseo por ello o incluso con un deseo opuesto. Después de todo, entro al grupo y llevo a cabo varias acciones de manera que yo pueda sentirme bien.

Sin embargo, esas acciones me fueron sugeridas por los cabalistas. Leo sus libros junto con los demás, y mientras estoy en eso y a pesar del hecho de que espero que me haga bien, comienzo sin embargo a desear que los amigos se sientan bien. Pareciera incluso que me “corrompí” porque le di la espalda a lo que yo quiero. Así es como el material cabalístico funciona en mí al principio.

Los cambios que ocurren en mí parecen muy extraños. Ni los deseo ni los comprendo. En los estados iniciales, estoy totalmente confundido y no sé lo que está sucediendo, pero, eventualmente, comienzo a estar de acuerdo con ellos e incluso a anticiparlos.

Comienzo a desear que tales cambios me visiten y comiencen a “mover las manecillas” del reloj de mi intención. Previamente, deseaba estar en el grupo de manera egoísta, estudiar, y participar en todo para poder sentirme bien. Ahora, sin embargo, lo hago por los cambios dentro de mí. Quiero pasarme al deseo que apunta hacia los otros, a su bien, los pensamientos acerca de otros, y salir de mí mismo.

Hasta aquí todo esto está permeado por el cálculo para el beneficio personal. Después de todo, el otorgamiento es cercanía con el Creador, una oportunidad de liberarse de nuestro mundo diminuto, y así sucesivamente. Aun así, comenzamos a ver alteraciones en nuestra intención y expectaciones. Esto es descrito como ir de Lo Lishmá (no por Su nombre) a Lishmá (por Su nombre), es decir de la intención egoísta a la altruista, dando pequeños pasos como lo hacen los principiantes.

Más adelante, me alejo incluso más del cálculo por el beneficio personal. Quiero entrar en trance, retirarme de mí mismo, dejar de sentirme, y remontarme por encima del egoísmo y los cálculos personales para sentirme libre.

Una vez más, soy yo el que se siente bien siendo libre. Es como si estuviera drogado, ebrio, y sin estar restringido por mi egoísmo. Aun así, en este punto, ya estoy consciente del mal y entiendo que el deseo egoísta me detiene y me aleja de la meta.

Finalmente, una persona comienza a poner un esfuerzo en trabajar en contra del Faraón, a pesar y por encima de ello, deseando elevarse hacia el otorgamiento.

(33747 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 26 de Enero del 2011, Escritos de Rabash)

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