La humanidad en transición

Existimos en forma opuesta a la propiedad de otorgamiento del Creador: el deseo egoísta de disfrutar. En el camino espiritual, todos los deseos dentro de nosotros que se desarrollan gradualmente, de los deseos más ligeros a los más pesados, tienen que ser transformados dentro de la intención de otorgar.

En contraste con los niveles inanimado, vegetativo y animado, nosotros, los humanos evolucionamos, y nuestro egoísmo también lo hace. Toda nuestra historia es un crecimiento ininterrumpido del deseo de disfrutar y una cadena de intentos por satisfacerlos. Esta es nuestra naturaleza. Por lo tanto, nosotros constantemente deseamos que este deseo se haga realidad, se llene.

Por lo tanto, continúa hasta que en algún momento de su desarrollo el hombre llega a la pregunta: “¿Para qué necesito esto?” Su deseo completa el estado cuantitativo de su evolución y se transforma en cualitativo. Ahora, la persona necesita no sólo un mejor automóvil, una casa más grande, y un mundo más cómodo. Él comienza a hacer preguntas con respecto al por qué las cosas ocurren de la manera en la que lo hacen: “¿Para qué? ¿Por qué? ¿Qué está pasando conmigo y esto que me aporta? “

Nuevas preguntas se elevan por encima de los niveles anteriores de la evolución. En el grado humano, comenzamos a evaluar y a analizar la vida, sin estar satisfechos con el papel de la persona que “acomete”, que sin pensar sirve al deseo egoísta. En las generaciones anteriores, muy pocos contemplaron tales preguntas y alcanzaron la fuente de los acontecimientos, la esencia del proceso y su propósito. Estos individuos son llamados cabalistas, de la palabra hebrea (Mekabél) “el que recibe”, puesto que reciben la revelación del gobierno superior, avanzando de esta amanera. En cuanto a los demás, no sintieron el llamado para responder tales preguntas.

En la sabiduría de la Cabalá, la cual ayuda a la persona en la búsqueda de respuestas a las preguntas sobre el propósito de la vida (la fuente y la meta), está escrito que vendría el tiempo en el que muchos desearían saber para qué estamos viviendo. En sus gradualmente emergentes deseos egoístas, las masas comenzarán la transición desde el nivel animado, de ver una buena vida, al grado humano, a la pregunta de para qué vale la pena vivir.

Los cabalistas marcaron el momento en que esa transición debía comenzar: el final del siglo 20. Y realmente así fue. En la actualidad, “las preguntas de máxima prioridad” se elevan en un gran número de personas de todo el mundo y, hasta cierto grado entre toda la humanidad. Vemos cómo la desesperación creciente, el abuso de drogas, la tasa de divorcio, y la crisis humana en general demuestran que las preguntas sobre el propósito de la existencia detienen nuestro desarrollo egoísta normal, y exigen que busquemos respuestas. Sólo entonces encontraremos la fuerza para continuar el viaje.

(33335 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 21 de Enero del 2011, “Porque el hombre es el árbol del campo”)

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