La mañana comienza en la noche

Hay una cierta secuencia de estados (grados espirituales) a través de los cuales un ser creado tiene  ir por la experiencia, comprehensiva y conscientemente. En cada grado, se le revela un mayor deseo con todas sus propiedades, deseos individuales, y fuerzas a una persona. De esta manera, una persona comienza a alcanzar el mundo espiritual, al Creador, al construirlo a Él dentro de uno mismo.

Pero ante todo, por nuestra parte, tiene que haber un deseo. De lo contrario, ¿cómo podemos sentir todo esto? ¡El Creador no puede darnos el bien que no queremos, o nos sentiremos muy mal! Si la luz se revela sin el deseo por ella, se siente como una oscuridad horrible.

Noche no es la falta de luz, sino la más grande Luz, de GAR de Jojmá. Pero estamos viendo la “parte de atrás” de la misma, su “reverso”, puesto que ha llegado, pero no tenemos vasijas para ella. Por eso nos sentimos tan terrible. Y piénsalo ahora, ¿por qué hacerlo? ¿No se nos da placer? Pero si no lo quieres, este placer es peor que cualquier dolor para nosotros.

Esta Luz de medianoche (oscuridad) desciende a nosotros desde la adhesión (Zivúg) de Ába ve Íma que preparan Kelím (vasijas) para el día que amanece. En primer lugar, un grado espiritual, todas sus 10 Sefirót, tiene que desarrollarse en su totalidad, después de lo cual tomamos su pequeña parte y trabajamos con ella a lo largo de todo el “día”. Pero la “noche” es una revelación de la gran Luz.

Por lo tanto, necesitamos pasar a través de todos estos estados: día y noche, tarde y mañana, con el fin de obtener un deseo gracias al cual seremos capaces de disfrutar. Y este no es un deseo de recibir, sino un deseo de otorgar.

(33702 – De la  4º parte de la lección diaria de Cabalá del 25 de Enero del 2011, “La Esencia de la Sabiduría de la Cabalá”)

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