Niños, sean amables con el maestro

La educación espiritual es mucho más rápida cuando se desarrolla en los niños el deseo de recibir. El egoísmo crece y restablece el balance a medida que le brindamos a los niños los medios de otorgamiento, lo cual les ayuda a manejarlo.

Como consecuencia, los niños entre siete y nueve años desarrollan aspiraciones y habilidades que están ausentes en personas de treinta y cuarenta años.

Nuestro cuerpo no juega ningún papel aquí; sus cambios son insignificantes. Una persona es juzgada de acuerdo a las vueltas y cambios del alma. Estamos aún por ver como el deseo egoísta en los niños crece de acuerdo al grado de corrección que el alma es capaz de proveerles. La naturaleza, el gobierno superior, siempre mantiene este equilibrio.

El Estudio de las Diez Sefirót (TES), parte 9 en adelante, describe el proceso de maduración del alma: los periodos de concepción, nutrición y madurez. Un niño será capaz de pasar por estos grados antes de completar la secundaria.

De hecho, ¿Por qué tendría un niño que convertirse en un “hombre” a la edad de trece años y adquirir el Masáj (la pantalla anti egoísmo), en otras palabras, empezar su trabajo de sobreponerse, recibiendo en aras del otorgamiento en un estado de madurez (Gadlút)?  Entonces tendría el control sobre todos sus deseos a los veinte y llegaría al final de la corrección cuando cumpla los setenta.

Hasta cierto punto, de esa manera ocurrían las cosas durante los tiempos de los Templos.  Los niños recibían una educación adecuada, y está escrito que desde Dan hasta Beersheva, no había un solo niño que no conociera las leyes espirituales.

Aquí todo depende del entorno.  Por ejemplo, si tuviéramos que organizar una comuna y criar a nuestros niños allí, ¿no crecerían estudiando las propiedades de otorgamiento y recepción y aprendiendo a trabajar con ellas?

Inclusive hoy en día nuestros niños se sumergen en la educación espiritual, independientemente de los “virus” que las escuelas les transmiten.  Ellos tienen un enfoque diferente; ellos saben cómo analizar al mundo y a ellos mismos.  Además, ellos no repiten lo que escucharon o aprendieron, por el contrario ellos de hecho hablan en “primera persona” hacen observaciones independientes, y sacan sus propias conclusiones.

Sienta un niño como este con un maestro cualquiera y veras que no habrá conversación. Y no será culpa del niño.

(32103 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 07/01/2011, Escritos de Rabash)

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