Todo el mundo es mío

Hoy en día, tenemos que admitir que todos nosotros, la humanidad, la naturaleza inanimada, vegetativa, animada y el Creador, somos partes de un sistema único.

Mientras más correspondientes seamos con este sistema, nuestra condición será mejor. Sin embargo, si no estamos de acuerdo o no armonizamos nosotros mismos con él, al grado que iguale el nivel de nuestro desarrollo, en el mismo grado nosotros experimentaremos sufrimientos, incluyendo nuestra desaparición.

De hecho, existimos en un sistema integral que se vuelve revelado a nosotros más y más. El sistema per se es constante, sin embargo, puesto que nuestro egoísmo está evolucionando, percibimos sus previas formas ocultas. Pensamos que es nuestra naturaleza la que cambia, mientras que somos nosotros quienes lo hacemos. Es como si estuviésemos mirando desde la ventana de un tren: no es la plataforma, si no el tren el que se mueve.

Hasta hace poco, hemos estando evolucionado en los niveles de la naturaleza de inanimado, vegetativo, y animado, y no hemos sentido nuestra oposición con la naturaleza. Estos fueron mis deseos internos que se han desarrollado (Shóresh, Neshamá y Guf), y todos fueron dirigidos a satisfacer mis necesidades egoístas.

Pero ahora a estos deseos, se les han unido dos tipos de deseo adicionales que yo siento como externos: “vestidura” (Levúsh) y “palacio” (Eijál). Yo tengo que aceptarlos como mis propios deseos internos, como medios para aceptar que todo el mundo es mío, es decir, yo soy quien los percibe como existentes fuera de mí.

Por consiguiente se deduce que todo este mundo, el universo, toda la naturaleza, me pertenecen a mí, ¿no es cierto? Y ¿es mi responsabilidad de cuidar a todos ellos como a mí mismo? Así que ¿No debería usarlos para mi beneficio, pero si específicamente para cuidarlos “como a mí mismo” puesto que todo eventualmente se expande como una parte integral propia?

Esto es lo que nosotros llamamos un nuevo mundo global. “Vestiduras” y “palacio” (Aviút 3 y 4 de mis deseos) que yo los vi como externos, se vuelven internos en mi percepción y se expanden como si fuesen mis propios deseos, mientras que yo, debido a mi naturaleza egoísta (en mi GE, Aviút 0, 1.2) los rechazo, los veo como fuera de mí, y por tanto los daño, y me hago daño a mí mismo.

Y con ello empiezo a adjuntarlos a mí, yo podré sentir a la realidad superior en ellos. Esto es así porque la realidad que siento en las “vestiduras” y “palacio” que se vuelven mis partes resultarán ser el mundo espiritual. En otras palabras, yo adjuntaré toda la naturaleza a mí mismo y podre sentir todo lo que hay ahí, ¡hasta el último átomo! Después de todo, el universo es el mundo del infinito que me será revelado cuando yo sienta que todo alrededor es mío.

Es así como yo voy a percibirlo. En vez de este mundo material que se expanden en mis deseos egoístas, empezaré a experimentar al mundo espiritual.

(32718 – De la 4º parte  de la lección diaria de Cabalá del 01/12/2011, “La cualidad de la sabiduría oculta, en general”)

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