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Lección diaria de Cabalá – 02.13.11

Escritos de Rabásh, Shlavéi HaSulám, “Qué significa que una mujer que está en preñez por primera vez, da a luz a un varón en el trabajo”

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El Libro del Zohar, introducción: “El segundo mandamiento”, ítem 203, Lección 2

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Talmud Eser Sefirot 3, parte 8, ítem 77, Lección 44

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Escritos de Baál HaSulám “La Esencia de la Sabiduría de la Cabalá”, “La transmisión de un sabio cabalista a un receptor entendido”, Lección 10

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La Cabalá es la ciencia del amor

Una persona llega a la Cabalá después de despertar a la necesidad de aprender la Fuerza Superior oculta, el propósito y la razón de su existencia, y el significado de su vida. A medida que pasa por los estados de su desarrollo espiritual, la persona llega a un punto crítico y empieza a pensar en la manera de alcanzar el mundo espiritual. Anteriormente solía pensar que la espiritualidad podía ser alcanzada con lo que tenía, es decir, con los cinco sentidos, la mente y su percepción acostumbrada de la realidad.

Pero en un determinado momento, uno empieza a sentir que el mundo espiritual no puede ser revelado de esta manera y que para hacerlo, él necesita cambiarse a sí mismo. Es entonces cuando recuerda un famoso dicho: “He creado la mala inclinación y la Torá para su corrección, porque la Luz contenida en ella lo retorna a uno a la Fuente”.

Cada persona imagina el mundo espiritual según su propia manera. La sabiduría de la Cabalá se define como la propiedad de amor y otorgamiento, en la que la persona sale de sus propiedades egoístas y comienza a revelar la realidad más elevada en las propiedades de otorgamiento que son opuestas a las suyas.

Los cabalistas explican que es necesario que nosotros desarrollemos el atributo de otorgamiento, es decir, que llevemos a cabo la corrección del corazón (deseo). Esto significa que si en este momento, nuestro deseo trabaja para recibir, tenemos que cambiarlo a fin de percibir los deseos de los demás como nuestros. Todo el método consiste en la corrección de nuestro ego, cuyos deseos lo consumen todo, por medio del desarrollo de un sentido por encima de este, lo cual significa salir de nuestro deseo.

En el momento en que vine a estudiar Cabalá, que ya tenía más de veinte años de educación. Yo era un científico y un empresario, mientras que todos los cabalistas con los que me pasé estudiando eran gente sencilla. Recuerdo haber tenido una conversación con Rabásh en la cual me dijo que él comenzó su trabajo siendo asistente de herrero, luego, un zapatero, y al final de su carrera trabajó en la oficina de un recaudador de impuestos. Sin embargo, yo estaba convencido de que iba a ser capaz de alcanzar más con mi mente. Me tomó tiempo entender que la Cabalá es una ciencia de los sentimientos y que necesitamos corregir nuestro corazón.

La sabiduría de la Cabalá explica que la mente despierta en nosotros sólo en la medida en la que el corazón la emplea. El corazón quiere saber lo que está sintiendo y por qué, de donde vienen los sentimientos y cómo se pueden cambiar. Y entonces el corazón emplea la mente.

Es un hecho conocido que nuestra mente funciona mejor cuando enfrentamos problemas y miseria. La necesidad que surge desarrolla la mente. Así, la función del sistema llamada “mente” es para ayudarnos a llenar nuestro deseo.

La sabiduría de la Cabalá es una ciencia del desarrollo del sentimiento del amor. En otras palabras, necesito alcanzar una capacidad para conectarme con los deseos de los demás o los necesito y acepto como propios. Mi preocupación por las necesidades del otro, como mía se llama mi amor por él. Esto no guarda relación con recibir el llenado o el placer de alguien más, sino por el contrario, mi placer vendrá del llenado de los demás.

Las personas que comienzan a estudiar la Cabalá adquieren nuevos sentimientos en el corazón que les permiten comenzar gradualmente a comprender que en realidad hay infinito llenado y placer al ser capaz de salir de uno mismo y llenar a los demás. Esto le da a la persona una oportunidad incesante e ilimitada que revela repentinamente una nueva percepción de la realidad, un nuevo horizonte para él.

Esto se debe a que la persona que sale de sí mismo y comienza a sentir las necesidades de los demás en lugar de la suya propia, deja de percibirse a sí mismo, y gradualmente llega a un estado en el que ya no tiene que cuidar de sí mismo. Cuando encontramos el atributo de otorgamiento, recibimos el llenado allí y adquirimos el Mundo Superior a través de él, llegando a ser como el Creador.

(35117 – De mi lectura en el hall de “Cabalá L’Am” del 21 de Diciembre del 2010)

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Pregunta: ¿Por qué Rabásh reitera en los mismos puntos en sus artículos con tanta frecuencia, como si caminara en círculos?

Respuesta: El nunca reitera o se repite a sí mismo. Las mismas palabras sirven para diferentes estados, diferentes niveles de Aviút (transformación del deseo) El repite las oraciones a otro nivel más profundo. Luego de completar el primer “ciclo” y de haber discernido lo que fue dicho para ti, te mueves hacia un grado más profundo y entonces comienza el análisis aparentemente de la misma oración, pero ahora más cerca de la verdad, de la raíz.

Atravesamos las cuatro etapas de desarrollo, alcanzamos el nivel hablante (humano), y así sucesivamente, pasamos por las cuatro etapas nuevamente, hasta que alcanzamos el grado de “humano dentro del humano”. Todo eso viene desde Arriba, desde la Luz Directa (Ohr Iashár). Y solo el último grado, el cuarto dentro del cuarto, puede responder con la Luz Reflejada (Ohr Jozér). Ella misma no se da cuenta a qué está respondiendo porque al regresar, su desarrollo continúa y permanece indefinido una vez más, hasta que alcanza la raíz.

Solo al final entendemos el comienzo y todo el sendero. Existimos en un sistema integral, y hasta que la persona aclare todos los detalles, todas las interconexiones entre las almas, y todas las formas que las afectan, está constantemente forzada a equilibrarse a sí misma. Por esta razón, estamos sujetos constantemente a cambios.

El entendimiento viene solo al final de la corrección cuando para ti todo el sistema entra en balance. Se dice acerca de esto que, “Todo el mundo Me conocerá, desde el más pequeño hasta el más grande”

(34862 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 02/09/2011, Escritos de Rabash)

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Moviéndonos más allá de la línea roja hacia un nuevo mundo

Desde el mundo del infinito, “1°” estado, desarrollamos (descendemos) hacia abajo a este mundo, el cual es llamado el “2°” estado. Desde este estado tenemos que elevarnos de vuelta, al “3º” estado el cual es idéntico al “1°” estado. Solo hay una diferencia entre ellos: Existimos en el “3º” estado, siendo conscientes de este acto. Por lo tanto, se considera “613” veces más grande que el “1°” estado.

Nosotros desarrollamos el “2°” estado durante el curso de billones de años en las formas inanimada, vegetativa y animada. Mientras descendimos a los mundos de Atzilút, Beriá, Ietzirá y Asiá, el tiempo no existió. El tiempo aparece cuando alcanzamos este mundo y entonces nos desarrollamos en un transcurso aproximado de 15 billones de años, llegando finalmente así al grado del “humano”.

La diferencia entre los estados “humano” y el inanimado, vegetativo y animado es que ¡el hombre no existe en la naturaleza! Desde el comienzo, un ser humano es esencialmente una bestia, si bien es una más compleja. El se vuelve un hombre solo al grado en el cual se siente global, un ser social.

Esto es, el no vive más en forma individual y egoísta como lo hizo antes, hasta que nosotros alcanzamos nuestro grado actual. En lugar de esto, el tiene que encontrar el desarrollo espiritual y subir los escalones por los que alguna vez bajo. Del desarrollo general y social tenemos que trascender al desarrollo espiritual con gran seriedad y responsabilidad. Esto es la esencia de nuestro trabajo.

Mientras estábamos desarrollándonos de manera egoísta, no encontramos ningún problema porque evolucionamos inconscientemente, de forma natural. Pero desde que llegamos a “la línea roja”, es decir al estado a través del cual todo regresa a ser global e integralmente interconectado, es una señal de que debemos asumir otra forma de existencia, en armonía con la naturaleza.

(34449 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 04/02/2011, “El estudio de la Sabiduría de la Cabalá”)

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