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Una pregunta sobre la “Cabalá práctica”

Pregunta: ¿Qué piensa usted acerca de la “Cabalá práctica”, es una conexión con las Sefirót?

Respuesta: Lamento tener que decepcionarte, pero nada de esto tiene nada que ver con el verdadero alcance. No hay hilos rojos, el agua bendita, o acciones ceremoniales en la Cabalá.

Cualquier persona en el mundo con el deseo de aprender, independientemente de su sexo, religión o nacionalidad, puede alcanzarla a través del estudio adecuado y sólo a través de esto. Es como si ellos no tuvieran un cuerpo. En otras palabras, la ropa, los hábitos y las tradiciones no importan. Todas estas cosas no tienen absolutamente nada que ver con la Cabalá.

La Cabalá es una ciencia, y cuando la estudiamos, comenzamos a percibir este mundo como un mundo global más conectado. Esto nos da una nueva perspectiva y una nueva vida. Nos elevamos de un nivel en el que todo termina dentro de mi cuerpo a un nivel global, externo en el que floto fuera del tiempo.

Esto necesita sentirse. Te prometo que si fueras a comenzar a estudiar y entraras en esta sabiduría, sentirías que esta es la forma en la que esto funciona. La persona de nuestro mundo debe elevarse al grado de la eternidad.

Todo lo que predijo la Cabalá se ha hecho realidad. Hace dos mil años, los cabalistas escribieron que el mundo entraría en una nueva fase de desarrollo en la cual el Zohar sería dado a conocer, y tendríamos que comenzar a trabajar en nuestra corrección. Yo no creía esto cuando empecé a estudiar la Cabalá a mediados de los años setenta, pero esto realmente sucedió veinte años después, a mediados de los años noventa.

(35157 – De mi lectura en París del 01/02/2011)

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Este mundo es un diccionario de términos espirituales

¿De dónde vienen las palabras de este mundo? ¿Por qué algún labriego quien una vez vivió cerca de Jerusalén, miró hacia el Monte de los Olivos y lo llamó de esta manera? Es porque pensó que este nombre se adaptaba a él. Este deseo surgió en él a partir de la naturaleza, y la naturaleza viene de lo Alto.

Es decir, no hay nada accidental en las palabras de nuestro mundo, todas ellas vinieron de Arriba. Esta es la razón por la cual los cabalistas pueden utilizarlas para describir las raíces espirituales, lo cual es llamado “el lenguaje de las ramas“. Y cuando tomamos los nombres de este mundo y explicamos lo que se esconde detrás de ellos de acuerdo con sus raíces espirituales, vemos la diferencia entre los mundos. Así es como descubrimos lo que se interpone entre nosotros y el mundo espiritual.

Una piedra de este mundo y una piedra del mundo espiritual, un árbol de este mundo y un árbol del mundo espiritual, un hombre, una mujer, un niño, el fuego, el agua, así es como yo estudio la diferencia entre el mundo y la forma que tengo que alcanzar.

Sin embargo, el lenguaje de las ramas no debe ser destinada a una persona común, sino para aquellos que sienten el mundo espiritual. Sólo ellos pueden comprehender lo que está ocurriendo entre la rama y la raíz, y ellos pasan los demás el conocimiento usando este lenguaje. Cuando un cabalista describe una cierta conexión entre las raíces en el mundo espiritual y quiere transmitir este conocimiento a otro, él lo relata en el lenguaje de las ramas.

Por el momento, no hablamos este lenguaje, más bien utilizamos el lenguaje hablado. Cuando sientas la espiritualidad, entonces, al escuchar las palabras de tu maestro que te está hablando sobre el mundo espiritual, le entenderás lo que quiere decir. O bien, te lo enseñará como un niño pequeño a quién le están enseñando palabras.

Imagina que estás en el nivel espiritual, junto con tu profesor, y él señala un determinado fenómeno y te dice cómo se llama. Al ver el fenómeno espiritual y oír su nombre, puedes conectarlos entre sí, adjuntar la palabra de este mundo al objeto espiritual. Esto se conoce como el aprendizaje del lenguaje de las ramas. Un recién nacido en el mundo espiritual aprende el lenguaje de las ramas al igual que un recién nacido en este mundo aprende a hablar un lenguaje terrenal.

Y luego serás capaz de conversar con el maestro, tendrás un vocabulario activo.

(35334 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 14/02/2011, “La Esencia de la Sabiduría de la Cabalá”)

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Pregunta: Estoy esforzándome en conseguir la conexión con mis amigos del grupo pero ellos rechazan mis esfuerzos. ¿Si toda la realidad soy yo, quien rechaza entonces a quien?

Respuesta: Tu a ti mismo. Hablando con las palabras de Baál HaSulám, de la manera en la que ves al grupo, ves al Creador. Porque además de ti solo existe Él. Pero Él está oculto, no puedes trabajar con respecto a Él. Por eso te permitieron que veas tu reflejo, tu entorno. En la medida de tu corrupción, ves a los demás fuera de ti como corruptos, no conectados contigo y no unidos entre sí.

Por supuesto, en todo se revela el mismo hombre. Y puesto que él se encuentra en el entorno de la desunión, tiene que trabajar en él con astucia para reconstruirse a sí mismo con su ayuda.

Precisamente así puedo trabajar conmigo mismo. Por eso tengo que encontrar un entorno correcto, “formatearlo” correctamente, tratarlo correctamente y recibir de él una influencia correcta. Gracias a esto podré avanzar.

(35486 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/16/11, Escritos de Rabash)

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Crece de manera juguetona

Pregunta: Usted toca un tema de alta importancia cuando habla acerca de trabajar con el entorno.

Respuesta: Yo no hablo acerca de ningún asunto de gran importancia. Yo hablo de la realización inmediata de lo que es necesario que suceda entre nosotros. No está por encima de nosotros, sino que está en el nivel de nuestra visión, al nivel de nuestros corazones.

Pregunta: ¿Pero no trabajo yo conmigo mismo artificialmente?

Respuesta: Claro, artificialmente. Nosotros reconocemos y admitimos nuestra hipocresía. Si, nosotros jugamos, nosotros “mentimos” abiertamente.

Por ejemplo, ahora mismo, mi nieto está ocupado con un camión de basura de juguete. El busca la basura alrededor de la casa para ponerla dentro del camión. ¿Es eso un juego? Si él fuera capaz de explicártelo, entenderías que esa es la vida. Sin embargo, ustedes, los adultos, están jugando con sus juguetes. Él lo ve de esta manera, nosotros de la manera opuesta. Estos son dos niveles, y no hay nada que puedas hacer al respecto.

Así, yo sé que estoy sumergido en mi deseo egoísta, que yo odio a mi vecino, y que solamente pienso en mí mismo. Nada más me interesa, y vengo al grupo a recibir aun más porque no puedo recibir mayor satisfacción por ninguna de las cosas que previamente tenía.

Mis vecinos están satisfechos con su posición, y ellos me miran como si yo estuviera bravo: “¿Qué quiere él en la vida?” Sin embargo, no es suficiente para mí, y es por eso que estoy aquí.

Día tras día, yo sigo descubriendo el odio y el desdén de todos. Yo no necesito a nadie y nadie me importa más que mi querido yo. Yo estoy atento a todo esto pero al mismo tiempo sé que elevarme a un nivel más alto significa salir de dentro de mí, de mi deseo, de mis pensamientos, hacia algo completamente diferente. Yo deseo nacer de nuevo.

Así es que yo juego en mi nivel, en mi egoísmo, como si yo ya estuviera en un nivel superior. Naturalmente, todo esto es fingir un juego. Es todo una mentira, pero una mentira útil. No tengo otra posibilidad de desarrollo, a menos que juegue un juego de algo que yo quiero alcanzar.

Esto es lo que hacen los niños, las plantas y los animales. Esta es la condición que opera en toda la naturaleza. Cada elemento que se quiere desarrollar en el consumo y la emisión de determinada materia se vuelve cierta imagen, un modelo de lo que estamos aspirando a alcanzar. Esta debe esforzarse hacia su forma futura.

Después, la Luz superior viene. Cuando el desarrollo es causado por la naturaleza, esto sucede automáticamente. Las plantas y los animales no saben como ellos se desarrollan, y sin embargo, la Luz también opera sobre los niveles inanimado, vegetativo y animado.

No existe otra fuerza, pero nosotros debemos evocar esta Luz con nuestros esfuerzos, nuestra comprensión, nuestro análisis, nuestras estimaciones, nuestro entendimiento y nuestra minuciosidad. No solo necesitamos estar presentes en esta creación, nosotros necesitamos controlarla.

Esto es realmente un juego. Esta escrito que el Creador juega con el leviatán. Él, de hecho, juega. Cualquier cambio que ocurre cuando algo o alguien va de un estado a otro, es un juego. Después de todo, nosotros los evocamos jugando un juego de algo que no hemos alcanzado o adquirido aun, algo en lo que no nos hemos convertido. Esto es algo muy serio.

(35395 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 02/15/2011, Escritos de Rabash)


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Mitigando la ilusión de la ruptura

La pregunta que no será silenciada y tiene que ser respondida con un “golpe a la quijada” es la pregunta de quién es más importante: ¿el Creador o Yo? ¿El prójimo o Yo? ¿La fuerza de otorgamiento o la fuerza de recepción?

Si esta pregunta permanece claramente ante mí y entiendo que si progreso o caigo en un fiasco depende de que yo obtenga una respuesta clara, entonces la necesidad del apoyo constante del entorno se vuelve obvia para mí. Pero por otra parte, ¿qué es el entorno? ¿Y qué clase de apoyo me da? En esencia recibo mis propios Kelím, o deseos al grado en que quiera acercarlos a mí. Después de todo, toda la realidad está en mí.

Al trabajar con el entorno, lo elevo ante mis ojos y en el encuentro la importancia del Creador. En esencia se me ha dado la fuerza de la ruptura para que me ayude a trabajar en mí mismo de esta manera.

Mi “yo,” el cual incluye toda la realidad, se divide en dos partes:

  1. la parte donde me experimento a mí mismo
  2. la parte que experimento como el mundo, otras personas, y todo lo que está fuera de mí.

¿Porqué el Creador me dividió en dos? fue para hacer que yo corrija más fácil la parte que está fuera. Elevo su importancia ante mis ojos al despertar la importancia de los amigos y motivarlos a trabajar en mí como si tuvieran libertad de elección o más independencia de la que les atribuyo.

Tenemos que entender que la fuerza de la ruptura actúa para nuestro propio bien. La parte llamada “el prójimo”, es decir todo lo que está fuera de mí, será corregida por mí si lo trato precisamente como al prójimo. Corrijo esos deseos que me parecen exteriores al colocarme frente a ellos y desear unirme con ellos.

Mi “yo” es sólo el punto en el corazón, mientras que “el prójimo” es todo mi Kli, toda la vasija del alma. Si no estuviera dividido en esas dos partes, entonces no tendría la oportunidad de corregir los deseos “externos”. Nunca sería capaz de analizarlo, verificarlo, u ordenarlo, o exigir las fuerzas para trabajar con ellos.

Sin embargo, estoy localizado fuera de ellos y corrijo mi actitud hacia ellos. Esta es la ilusión que obtengo, como si corrigiera mi actitud hacia el prójimo mediante el principio de “ama a tu prójimo como a ti mismo“. Y aun no percibo, entiendo, o siento que en esencia, esta es mi alma. Se me dio la fuerza de la ruptura, la cual presenta una imagen engañosa de los “otros” ante mis ojos. Pero así es exactamente como puedo comenzar a corregir mis Kelím, trabajando en contra de la fuerza de repulsión al impactarla, golpe tras golpe.

Así, es posible imaginarnos nuestro trabajo de esta manera: Una persona inicialmente recibe toda la creación en el volumen de su alma y entiende que todas las fuerzas de desunión son una fantasía destinada a confundirlo. En verdad, la realidad no está cortada de él en absoluto. Ahí es cuando una persona golpea y “afloja los dientes” de esta fuerza de ruptura, de esta ilusión. Debe ver esto como todo el trabajo que tiene que llevar a cabo.

Y continúa hasta que tira todos los dientes, hasta que arranca toda la maleza para que la rosa que crece entre esta, Máljut, florezca en su forma plena, real. Esta es la Shejiná, el alma común.

Es en esta Luz en la que debo ver el entorno, los amigos, y el Creador. Todo lo que me parece externo es una parte inseparable de mí. La fuerza que me separa del único pensamiento y deseo, del Único, es la fuerza de desunión que debo romper.

(35489 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/16/11, Escritos de Rabash)

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Un lirio entre espinas

El Zohar, “Ki Tissá” (Cuando Tomas), ítem 31: “Como un lirio entre espinas, así es mi amada entre las hijas”. El Creador desea hacer a Israel similar a la forma que tiene arriba, entonces habría un lirio en la tierra [en Israel] que es como el lirio arriba, Máljut. Y el lirio fragante, mejor que todos los lirios del mundo, es sólo uno que ha crecido entre los espinos. Este huele como debería.

Las espinas llegan a revelarse a una persona al grado en que esta sea capaz de sobrepasarlas. Si la persona prepara correctamente todas las inclinaciones, todas las fuerzas presentes y operando entre ella y el entorno, si puede continuamente despertar y elevar la importancia del Creador, la unidad y el amor por el prójimo como a sí mismo por encima de todo lo que sufre en sus pensamientos y deseos, entonces realiza el verdadero análisis y “afloja los dientes” de la inclinación al mal.

Rabásh escribe, “Cuando respondas al egoísmo, “afloja sus dientes” esto significa que no debes discutir con él, sino que deberías usar la fuerza para superarlo. Yo revelo el entorno, el cual se encuentra entre los otros y yo, de manera egoísta, buscando una oportunidad para usar mi conexión con este, para conseguir de ellos tanto como pueda.

Mirando la realidad desde una perspectiva material, veo todo fuera de mí, en lugar de dentro de mí. Yo no pienso que soy el único responsable de la distancia, del odio, y de la repulsión que se revela. Todo esto me parece externo y no como mío. Yo no pienso que estos sean mis Kelím, mi percepción de la realidad, mi visión, o la revelación de la realidad superior dentro de mí.

Por lo tanto, debo darme a mí mismo “un golpe en los dientes” una y otra vez con el fin de corregir mi actitud hacia el cuadro que se presenta delante de mis ojos. En este cuadro estoy separado de mi prójimo por una distancia que no parece que fueran mis propios deseos (Kelím) corruptos. En lugar de esto me parecen como algo extraño, algo que tengo que rechazar.

Pero actúo de forma contraria: Yo aflojo la fuerza de esta ilusión con mi análisis ya que entiendo que todo lo que se me revela es mi propio yo. Y no corrijo mi alma a menos que me atribuya a mi mismo el mundo entero, toda la realidad, todas las personas, todas las almas, y todos los niveles en general, los grados inanimado, vegetativo, animado y hablante. Tengo que tratarlos a todos como una parte inseparable de mí.

Entonces veo que la percepción de la realidad, el amor por las criaturas, y la revelación del Creador se encuentran en los mismos pensamientos y deseos que determinan mi actitud hacia el prójimo, aquel que está afuera. En realidad no hay nada más allá del deseo. Y cuando siento que este deseo sale de mi hacia los demás, tengo que “golpearlo en los dientes” de la manera correcta. Es así cómo yo lo transformo en un enlace conector entre mi mismo y la otra parte de mí. El prójimo llegará a ser una parte de mí y el Creador llegará a ser mío. Es así como incluiré toda la realidad dentro de mí y por consiguiente el rompimiento se corregirá.

Entonces, en aquel mismo lugar, en los mismos deseos y pensamientos que estaban entre el prójimo y yo, comenzaré a sentir la presencia de la Luz, la cualidad de otorgamiento y amor.

(35497 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/16/11, Escritos de Rabash)

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El Libro del Zohar, Selecciones, capítulo “Séptimo mandamiento”, ítem 225, Lección 1

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Rav Yehuda Áshlag “La Libertad”, Lección 14

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Un salto enorme

Funcionamos de una forma binaria, discreta, mediante impulsos individuales: si o no, conexión o desconexión, ascenso o descenso, derecha o izquierda. De esta manera, poco a poco, añadimos un paso tras otro, y todo esto al final forma un todo integral.

Cuando es necesario calcular el área de cierto perímetro complejo, los científicos usan una ecuación integral: llenan este perímetro complejo con cuadrados que pueden ser medidos y los hacen cada vez más pequeños, y al final, los suman.

Por una parte, la red conectora que funciona entre las almas y en la cual residimos es discreta, con impulsos y acciones individuales. Pero al final, como resultado de nuestro alcance, cuando penetramos en ésta cada vez más profundamente, se transforma en una red integral. La “forma integral”, la suma de esas formas discretas es el Creador, uno, como está escrito: “Él y Su nombre son uno“. Nos aproximamos a esta forma de manera discreta: pero al acumular un poco más cada vez, al añadir nuestros pequeños “ladrillos”, nos conectamos con el Uno.

Nosotros mismos, no podemos llegar a este Uno. Hacemos todo lo que podemos en nuestro grado actual, acumulamos la suma necesaria de esfuerzos, y llegamos al grado igual a “10 Sefirót“. Y finalmente, el salto al próximo grado ocurre.

Pero no puedo saltar por mí mismo; la fuerza superior me da un impulso. Esta fuerza es el “factor común”, el Uno. Y entonces, en lugar de “10”, llego a 1 (Uno), como una calculadora que después que tecleo diez veces salta al próximo dígito.

Así es como continuamos acumulando todas nuestras correcciones hasta que la fuerza de “Rav Paalím u-Mekabtziél” llega, ¡Y el Gmár Tikún (la corrección final) ocurre!

(35318 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 14/02/2011, “La Esencia de la Sabiduría de la Cabalá”)

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Valora tan altamente los medios como la meta

El hombre es capaz de manera natural de tomar en cuenta sólo su propio deseo egoísta. Dondequiera que este pueda arrojarlo, lo que sea que pueda darle valor ante sus ojos, él sólo tiene en cuenta lo que es importante para su ego. Así es cómo una persona se desarrolla.

El avance por medio de las órdenes del deseo de recibir, se lleva a cabo en la escala de “amargo o dulce”. Sin ser consciente de ello, la persona siempre se vuelve hacia la orientación del despliegue egoísta. Él lleva a cabo las órdenes internas del egoísmo inconsciente, sin tener idea de dónde provienen. Así es como vivimos nuestras vidas, sin libre albedrío, obedeciendo impulsos internos de nuestras Reshimót (genes informativos) egoístas.

Si a una persona se le presenta una oportunidad para establecer conexión con el Creador y llevar a cabo otro tipo de análisis, en la escala de “verdadero o falso”, entonces, con el fin de llevarlo a cabo, debe apoyar inmediatamente por sí mismo este análisis.

El apoyo es el entorno. Sin él, la persona permanecerá en las experiencias de lo “amargo o dulce” para siempre y seguramente continuará eligiendo lo dulce por encima de lo amargo, bajo formas diversas, según el grado de desarrollo de su egoísmo. Y siempre tendrá una ilusión de progreso, aunque en realidad, una y otra vez, simplemente elige un dulce más refinado.

Si una persona realmente quiere crecer hacia la independencia, él sólo puede hacerlo si él contrasta las sensaciones de lo “amargo o dulce” con el análisis de “verdadero o falso“. Este análisis tiene que hacerse de acuerdo con los criterios externos que están fuera de su egoísmo, los cuales sólo puede proporcionar el entorno.

En este caso, todo está en manos de la suerte: ¿Escucha la persona que la independencia tiene una oportunidad para formar e implica poner en práctica? Si lo hace, al menos en pequeña medida, se anula ante el maestro, libros cabalísticos, y el grupo (el entorno).

Se pone este ante él, y luego se da cuenta de que su avance depende únicamente de la conciencia de la importancia de cuan alto se eleve su punto de vista de la importancia de este entorno en comparación con la dulzura de los deseos egoístas.

Esta es la naturaleza de nuestro trabajo. ¿Es una persona capaz de emplear el poder de nuestros estudios, la oración, y el análisis en su totalidad y aceptar el punto de vista del entorno? Después de todo, no es algo externo, no son sólo los rostros de los amigos. Él forma una imagen interna del entorno y está dispuesto a bajar la cabeza ante ellos. Y entonces, en virtud del entorno, la persona recibe una conciencia de la grandeza del Creador.

Inicialmente, sólo hay dos: la persona y el Creador. Y ahora, él empieza a realizar este principio. Si el entorno (los medios) es tan importante para él tanto como la meta (el Creador), es decir, empieza a trabajar con esta herramienta correctamente.

El trabajo de la persona es valorar del entorno tanto como él valora al Creador. Y esto requiere un trabajo constante. Si una persona valora el entorno, puesto que lo lleva al alcance del Creador, entonces, en esa medida avanza.

En consecuencia, uno puede ponerse a prueba en la práctica: ¿Qué lo motiva a cada momento? ¿Es este un impulso interno, tal como la sensación de “amargo o dulce” o los valores absorbidos del entorno, tales como “verdadero o falso”? Y la “verdad” es la grandeza del Creador. Para eso trabaja la persona: la fuerza integral del amor y otorgamiento, a la cual él quiere conectarse a hasta el punto de adhesión total.

Por lo tanto, la opinión del entorno tiene que ser firme y coherente, de modo que pueda obligar a cada amigo a acordarse de la meta (alcance de la grandeza del Creador) y de los medios (el alcance de la grandeza del grupo. Si el entorno piensa sobre ello y pone este análisis como obligatorio ante todos los amigos en todo momento, de tal modo, este proporciona un gran apoyo para todos.

Aquí comienza la garantía mutua, y la persona recibe la oportunidad de llegar a la revelación del Creador.

(35286 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 14/02/2011, Escritos de Rabash)

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