Atrapado en la ilusión

Pregunta: Si somos egoístas, esto significa que el deseo de otorgar es una ilusión, ¿no es así?

Respuesta: Es una ilusión total, una absoluta mentira. Si yo pienso en alguien, estoy pensando en mi mismo, añadiendo a esto una falsa conexión con otra persona. En realidad, no existe; no hay nadie más. Todas mis percepciones e impresiones se quedan en mi deseo, y esta es la única premisa sobre la cual puedo realizar el cálculo.

Pregunta: ¿Por qué entonces estamos sentados aquí a la espera de querer otorgar? ¿Cómo podría surgir un deseo así dentro de nosotros?

Respuesta: Esto sucede porque nuestro deseo tiene la capacidad de experimentarse como tal, muy en su interior, cuando se encuentra fuera, puede sentir que no es él mismo, sino alguien más. Nada se rompió, salvo el pensamiento, la intención, la idea de que todos estamos fragmentados y desconectados. El deseo mismo no se puede romper; fue la intención la que se rompió, la consciencia de uno mismo.

Por consiguiente, caímos en la ilusión de que un deseo creado por el Creador está escindido, fracturado y roto en múltiples pedazos. Esta ilusión aparece dentro del deseo mismo.

Tenemos Kelím internos (vasijas, deseos), “raíz, “alma”, “cuerpo”, dentro de los cuales experimento mi “yo”. Además, tengo Kelím externos, un “ropaje” y una “cámara” que no percibo como mi “yo”. Si desgarro mis vestidos, no voy a gritar de dolor, no experimento sensaciones por lo que me rodea, a pesar del hecho de que es también mi deseo. Sencillamente, estas peculiaridades, la carencia de sensación, aparecieron en él.

Si quieren, imaginen que pueden sentir todos los Kelím en su forma auténtica. Entonces, para ti, toda la realidad sería tu propia “carne”. Lo que es más, si alguien clavara un clavo en la pared, aullarías de dolor.

Nuestra dificultad es la falta de intención, la intención que se corrompió, y ahora no vemos el deseo de “los demás” como relevante. Todo depende de lo que se le revela a una persona. Nuestra única tarea es integrar los deseos en el interior. Aunque permanezcan invariables, es la intención lo que cuenta: ya sea para recibir o para otorgar.

(33734 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 26/01/2011, Escritos de Rabash)

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