De una célula de pensamiento hacia una mente ilimitada

Pregunta: ¿Cómo podemos equilibrar nuestros sentimientos con nuestra mente?

Respuesta: ¿Pero para qué hacerlo? Ser equilibrado no es algo bueno. Incluso aunque es nuestro propósito, llegar al equilibrio y armonía, sin embargo mientras estamos en el camino, no necesitamos que esto nos detenga.

Aprendemos que el Creador creó el deseo de recibir el cual es la creación, materia, y lo único que existe. Este deseo se desarrolla con la ayuda de la Luz que lo creó. Dicho de manera diferente, existe una fuerza especial llamada “Luz”, “la fuerza de otorgamiento”, o la “raíz” que creó el deseo de recibir, la fuerza de recepción.

Cuando el deseo de recibir comienza a desarrollarse con la ayuda de la Luz, atraviesa cuatro fases, cada una de las cuales da origen a la etapa siguiente y la llena, y entonces esa fase continúa su desarrollo. Cuando este deseo llega a la cuarta fase de desarrollo, comienza a hacerse preguntas: ¿Quién soy? ¿Para qué vivo? ¿De dónde vengo?

En esencia esas preguntas están cuestionando sobre “la raíz”. Y por causa de que el deseo se pregunta esto, una mente comienza a desarrollarse en su interior. La Luz influye nuestro deseo de recibir de tal manera que la necesidad por una respuesta hace que el deseo comience a buscar una manera de alcanzar lo que desea.

Vemos esto en base a cómo estamos estructurados ¿Qué está incluido dentro de nosotros? Partículas positivas y negativas: positrones y electrones, átomos que nos componen y se unen en moléculas. Esos, en su turno, se conectan de acuerdo con su valencia. Así que al final, existen dos fuerzas: la fuerza de recepción y la fuerza de otorgamiento.

Pero cuando comienzan a unirse, forman células de pensamiento. Es por eso que cada átomo y cada molécula comienzan a sentir la necesidad de percibirse a sí mismos. Y cuando tratan de unirse, están buscando una forma de complementarse de acuerdo con el número de electrones libres. Entonces resulta que en virtud de ese proceso, se forma una mente.

Después de eso las partículas comienzan a unirse de una manera que parece mecánica. Nuestro cerebro también es mecánico y no contiene nada de Arriba. Pero busca la manera más racional, corta y mejor de llegar a lo que desea. Esto es llamado el nacimiento de la mente dentro del deseo. Un gran deseo da a luz a una gran mente de acuerdo con el hecho de que tiene que alcanzar grandes cosas, mientras que un deseo pequeño produce una mente pequeña.

Esto es similar al desarrollo de un niño, un niño pequeño tiene deseos pequeños y una pequeña mente, pero mientras más desarrollamos sus deseos para que él  conozca como desarmar algo y volver a armarlo, más se desarrolla su mente. Lo mismo sucede en los niveles inanimado, vegetativo y animado.

Sin embargo, la voluntad de otorgar tiene un cerebro completamente diferente. Ahí salimos de nosotros mismos hacia la memoria común que está fuera de nosotros. Comienzo a adquirir una sensación externa, la sensación de otorgamiento, con la ayuda de mi deseo de alcanzar la “raíz” y comenzar a conectarme con el deseo que está fuera de mí.

Los deseos externos se localizan entre las personas y son el deseo común que adquiere cada uno de ellos. De la misma manera una persona también adquiere la mente externa fuera de cada uno de nosotros. En ese caso, nuestros deseos y nuestra mente son ilimitados. Entonces, yo no limito la mente a las fronteras de mi personalidad, sino al contrario, salgo hacia la dimensión donde no hay limitaciones. Este estado es llamado el mundo de Infinito.

(De la lectura en el hall de “Kabbalah L’Am” del 235 de Enero del 2011)

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