Descendiendo en orden, ascendiendo por decisión personal

Rabásh, Shlavéi HaSulám (Peldaños de la Escalera), artículo “No hay bendición sobre todo lo que es contado en el trabajo”: Por ejemplo, una persona lleva una chaqueta a la lavandería para que le quiten las manchas. Él le dice al dueño de la lavandería: “He contado para usted cuantas correcciones tiene que hacer para que saber cuánto pagarle”.

Existimos en un estado perfecto, y tenemos que revelarlo. Todas las etapas que atravesamos son los estados de la revelación del estado existente, sólo si no lo es para nosotros. Nos es revelado paso a paso.

Todo depende del receptor: en qué medida se prepara una persona, apresurándose a sí mismo. Cuánto está dispuesto a ayudarlo el entorno y a apoyarlo también depende totalmente de él. El Creador trae a la persona a un entorno adecuado y le dice: “¡Esto es para ti, toma!” Ahora depende exclusivamente de la persona si acepta lo que se ofrece y de qué manera.

Por lo tanto, “contar las correcciones” también está completamente en nuestras manos. Todo está determinado por la actitud: Debemos cumplir con los estados que componen nuestro camino, cada uno de los cuales es necesario.

Desde Arriba, desde el mundo del Infinito, llega la abundancia de vasijas y luces por la vía del descenso de los mundos, Partzufím, y Sefirót. Como medios de preparación, la ruptura y otros procesos distintos también ocurren. Y tan pronto como se completa esta preparación, debemos ascender de la misma manera, sólo que ahora desde abajo hacia arriba, pasando por las mismas etapas, viviendo a través de las mismas Reshimót (genes informativos), pero moviéndonos hacia adelante de ellos con nuestro deseo. Esa es la única diferencia.

El Creador rompió la imagen integral en partes, y ahora, entre estas partes, tenemos que buscar los deseos, aspiraciones y metas, para establecer las preferencias y valores. Es como si estuviéramos ensamblando un kit de construcción, cuyas diferentes piezas tienen diferentes formas, propiedades, están pintadas de color diferente, y encajan en una manera diferente.

Y todo esto viene precedido por nuestro deseo de que podamos arreglarlo solamente con la ayuda del grupo. Mientras tanto, en realidad no sentimos que nuestra dependencia sea mucha, ya que, básicamente, no sentimos cómo avanzamos y no podemos calcular la velocidad, contar los grados espirituales, o medir el ritmo de avance. Por lo tanto, no estamos realmente de prisa por encontrar las maneras de acelerar nuestro desarrollo.

En cada estado somos pasivos: “Si ya estoy aquí, voy a esperar que pase”. Y pasa, gracias a diversas acciones, aunque estas no están destinadas exactamente a nuestro desarrollo. Pero el proceso es lento y requiere muchos movimientos complementarios.

Cuando alcanzamos al análisis correcto, sin embargo, descubrimos que cada estado es obligatorio, y ningún estado puede ser ignorado. Todo es para bien, todo aclara la verdad, pero la energía, el deseo, o impulso, dependen de nosotros.

(33644 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 25/01/2011, Escritos de Rabash)

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