El fruto del árbol del conocimiento

Rabash, Dargót HaSulám (Los peldaños de la escalera), El asunto de Tu Bishvát: El Creador quiere para aquella persona que cumpla con un precepto, lo cual es un fruto, que tanto el árbol como el fruto tengan el mismo sabor; dicho de otra forma, que su intención esté también  en Lishmá para los fines del otorgamiento.

Debemos pasar por varias etapas en nuestro trabajo. Antes que nada, necesitamos descender al grado que se describe como, “Yo he creado la inclinación al mal”. Ahí, la persona se familiariza con su naturaleza y observa hasta qué punto es mala y opuesta al bien.

El bien es la Luz, el atributo de otorgamiento. ¿Cómo puedo examinar el atributo de otorgamiento para poder evaluarme comparándome con este atributo y determinar el mal dentro del cual existo? ¿En dónde se encuentra este mal y el Creador que creó la inclinación al mal? Debo alcanzar al Creador quien creó la inclinación al mal en mí, y frente a esto, debo tener la Torá como especia.

Después de todo, no puede existir la oscuridad sin la luz, o la luz sin la oscuridad. No alcanzamos a comprender la naturaleza de algo en sí mismo, como no sea comparándolo con su opuesto. Es debido a esto que el hombre alcanza a comprender su naturaleza mala, solamente en la medida de sus buenas obras. Esta es la única forma en que podemos aprehender el mal.

Así es que los pecadores que menciona la Torá son personas especiales y grandes. El grado del pecador es un grado muy elevado. La persona trabaja en relación a la bondad, intentando vencer al mal dentro de sí misma para alcanzar el bien. Entonces, llega a entender el mal, revela el pecado de Adám (el Hombre o el Ser Humano) y comienza el proceso de corrección. De esta forma, la revelación del mal es una parte de este proceso.

Sólo después de entender el mal, uno comienza a probar si el “árbol” y la “fruta” son lo mismo y si se encuentran dirigidos hacia al otorgamiento. Después de todo, el “fruto” es el otorgamiento, no es la satisfacción propia.

La persona intenta situarse por encima de su egoísmo; determina que este es el mal, y que necesita elevarse por encima de él. Una y otra vez, descubre que esto es lo que quiere y es capaz de disfrutarlo, determinando que esta es “una plaga de Egipto”. La persona está preparada para lo que sea, menos para la satisfacción propia.

Entonces, la persona asciende por encima de todas las posibilidades de recibir placer y llega el fruto verdadero: el otorgamiento. El placer que se obtiene del otorgamiento es el fruto del Árbol del Conocimiento. Esto es la fe por encima de la razón, la fe que crece en el Árbol del Conocimiento. La única forma en que la persona crece es elevándose por encima del mal, por encima del atributo de recepción que se revela en ella, y rechazando usarlo de cualquier otra forma. Entonces, el fruto crece dentro de ella.

Esto es lo que simboliza Tu Bishvát, el “Año  nuevo de los árboles”. ¿Por qué los árboles en lugar del fruto? Es porque por ahora, uno todavía está adquiriendo el atributo de otorgamiento y todavía le queda por aprender cómo recibir con el fin de otorgar.

En el camino espiritual constantemente estamos descubriendo formas incorrectas dentro de nosotros. Como Baál HaSulám escribe en la Introducción al Talmud Eser Sefirót, solamente aquellos cuyo grado de paciencia ha prevalecido, merecen entrar en el palacio del Rey, el “jardín”,  con el Árbol del Conocimiento que se encuentra en medio de él.

(33231 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 01/20/2011, Escritos de Rabash)

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