El que hace toda la diferencia

Pregunta: En la “Introducción al libro, Paním Meirót uMasbirót“, ítem 3, Baál HaSulám escribe: “Distinguimos cuatro divisiones en las especies hablantes, dispuestos en gradaciones uno encima del otro. Esas son las masas, los fuertes, los ricos, y los sagaces. Son iguales a los cuatro grados de la realidad completa, llamada “inanimado”, “vegetativo”, “animado” y “hablante [humano]… De ello se deduce que el valor de una persona del hablante, se iguala con el valor de todas las fuerzas en el vegetativo y el animado en la completa realidad en ese momento, y en todas las generaciones pasadas”.

¿Es correcto suponer que basta con tener una persona que, al haber hecho su libre elección, puede abrir el camino de desarrollo a todos los otros niveles de la naturaleza, los cuales no pueden evolucionar sin él?

Respuesta: Desde luego, al usar de su libre albedrío, una persona puede abrir el camino para garantizar el desarrollo y perfeccionamiento de todo el inanimado, vegetativo y animado de los niveles de la pirámide humana, si todos ellos se unifican unos con otros y se unen a este grado humano. Así es como Ráshbi, el ARÍ, y Baál HaSulám abrieron esto para nosotros. Una persona puede atraerlo y llevarlo a todos los demás si está en el nivel de desarrollo “hablante”, mientras que ellos están en el inanimado, vegetativo, y animado.

Vemos esto en la práctica. ¿Cómo podría evolucionar la humanidad si no fuera por algunos individuos excepcionales que abren la puerta a un nuevo mundo para los demás?

Pero después que esa persona hace un gran avance, alcanzando el equilibrio depende de todos los demás que lo siguen. El primero ha hecho su trabajo, como, por ejemplo, Baál HaSulám que nos reveló el método de toda la sabiduría de la Cabalá, y ahora depende de nosotros realizarlo. Hasta que nuestro trabajo esté completo, no vamos a alcanzar el equilibrio.

Él simplemente nos explica que el problema radica en nuestro desequilibrio con la naturaleza y que es necesario llegar al equilibrio. La naturaleza en su forma integral es el Creador. Es con Él que tenemos que armonizarnos, es decir, alcanzar la equivalencia de forma, la unidad. Esto es lo que debemos poner en práctica. Es necesario involucrar a todo el mundo en ella, lo cual exigirá mucho trabajo.

Tú puedes preguntar ¿quién es esta persona que hace toda la diferencia y debe usar su libre albedrío? ¡Tú eres esta persona! Es cada persona que recibió el despertar espiritual dentro y, por lo tanto, escuchó sobre el método de su realización desde el exterior.

Sólo el primer despertar ocurre en el interior, y por eso, la persona escucha un llamado a él o ella desde el exterior. Como resultado, llega a un lugar donde es posible realizar el libre albedrío.

(35626 – De la 4º parte  de la lección diaria de Cabalá del 02/17/2011, “Introducción al libro, Paním Meirót uMasbirót”)

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