Estar ante el Creador y llegar a ser como Él

En el mundo, en la realidad, existen sólo dos fuerzas: la fuerza del Creador y la “fuerza” del ser creado que el Creador le dio intencionalmente en la forma opuesta. Esta fuerza es opuesta al Creador, gracias a lo cual la criatura sale de las fronteras de Su grado y adquiere su propia realidad. De otra manera, no sería capaz de existir.

En el mundo, un “ser creado” es alguien que posee materia de los grados inanimado, vegetativo, o animado. Si la existencia espiritual significa una realidad personal fuera de la fuerza superior, entonces en nuestro mundo, la fuerza superior no se nos manifiesta abiertamente, que es por lo cual definimos la realidad por la existencia de materia.

En la espiritualidad, lo que cuenta no es la materia sino la autonomía. Para ser un ser creado, uno tiene que ser autónomo. El grado de independencia de la criatura determina hasta qué grado puede considerarse un auténtico ser existente.

En nuestro mundo, no tomamos a los niños y a los bebés en serio porque aún no han ganado independencia. Sólo en la adultez una persona se vuelve autónoma, y ahí es cuando recibe una respuesta diferente.

Del mismo modo, en la espiritualidad, no importa en qué peldaño esté la criatura (en el inanimado, vegetativo, o animado), el factor determinante es si tiene un estatus personal ante el Creador. Y para estar ante el Creador, una persona primero tiene que tomar consciencia de que el Creador existe, es decir que Él existe ante él, y que son opuestos el uno del otro.

Entonces, en este estado opuesto, comienza el trabajo. Una persona divide toda la realidad en dos: el Creador y yo, la realidad que observo. Y más adelante, elige qué es más importante.

De hecho, con el fin de dar independencia a la criatura, el Creador la llevó fuera de Él y le dio una sensación de que existe por su cuenta. Y ahora, la criatura debe hacer un uso correcto de llegar a conocerse a sí misma fuera del Creador, como si Él no existiera en absoluto, como si Él desapareciera de su visión, de su deseo. Con la ayuda de fuerzas e instrumentos que el Creador le proporciona, la criatura debe encontrar la actitud correcta hacia Él. Y esto significa que tiene que aceptar el poder del Creador sobre sí, sobre su independencia, sin anularla.

Entonces, por una parte, la criatura conserva su estatus fuera del Creador, es decir continúa recibiendo placer dentro de sus deseos receptores, sin anularse ante el Creador. Pero en la otra, al ser autónomo en relación con el placer recibido y por encima de este, la criatura adquiere equivalencia con el Creador. Así, el ser creado recibe autonomía completa, total.

Sin embargo, sólo puede ocurrir si la criatura obedece ambas condiciones: está dispuesta a anular su actitud hacia el Creador si esto no daña su deseo (el deseo de recibir). Mediante esto, la criatura evoluciona en la línea media. Por una parte, conserva el deseo por el placer, mientras que por la otra, adquiere la forma de otorgamiento que es el atributo del Creador. De esta manera, la imagen del hombre, Adám, se forma en ella.

(35280 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 14/02/2011, Escritos de Rabash)

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