Si el grupo se divide en facciones

Pregunta: Hice una elección y entré en el grupo, pero a veces surgen desacuerdos. ¿Qué debemos hacer para pararlos?

Respuesta: En primer lugar, debemos ser conscientes de los problemas en el grupo. No debemos encubrirlos o pretender que no existen. Por ejemplo, un grupo de treinta o cuarenta miembros, y todos están tirando para su lado, o creando de facciones.

Es esencial comprender que estamos bajo el gobierno superior, que organiza para nosotros estas facciones y desacuerdos. ¿Por qué? Esto es para que nos elevamos por encima de nuestros problemas a Aquel que los trajo a la vida. Es Él quien da inicio a todos los problemas entre nosotros. Incluso admite: “He creado la mala inclinación”.

Pero ¿por qué? Es así para que puedas usar la Torá como una especia, es decir, para que puedas empezar a desear la Luz que Reforma escondida en esto. Cuando demandas la Luz, te elevas por encima de los problemas a la única fuente de desde donde se deriva todo lo malo y lo bueno.

Continuación de la pregunta: Sí, pero hay más problemas después de eso.

Respuesta: Necesitas acumular el poder necesario del deseo y de la Luz que Reforma  para ascender al primer grado espiritual. Por lo tanto, los problemas crecen y no dejan de crecer.

Déjalo al Creador, Él sabe qué hacer. Por eso Él dice haber creado la mala inclinación para que entiendas que todo viene de una Fuente. Tú sólo necesitas hacer de esto la base de tu trabajo. No tenemos nada más.

La clave está en cumplir con esto. Algunos amigos pueden llegar a ser rivales, mientras que otros no se ponen del lado de nadie. Que se haga un lío en el grupo, pero tómalo todo como un paquete preparado por el Creador. Él lo creó, y mi trabajo consiste siempre en remar hacia la unidad, ya sea con los amigos o a pesar de ellos, en todo tipo de estados.

Esto es lo que se llama ser “como un hombre con un corazón”. De lo contrario, ¿sobre qué terreno vamos a unirnos? La base de nuestra unidad no son los “niños buenos”, sino los matones y los gallos. Peleamos y nos odiamos, pero por encima de todo eso, nos unimos como un todo. El amor por el prójimo nace precisamente por encima de este, y allí es cuando llegas a recibir la Torá.

Ya sea que estás de acuerdo o no, este principio no va a cambiar. Mientras que en el grupo, tenemos que decidir que no hay salida, que ya estamos de acuerdo con ello, aunque de forma artificial. Dejamos de discutir y empezar a fingir que nos amamos unos a otros. Estudiamos con la esperanza de que la Luz que Reforma nos influya y establezca una conexión entre nosotros. Durante la lección, todo el mundo piensa: “Me gustaría que Él hubiera ayudado un poco”.

De lo contrario, morderemos la cabeza del otro, incapaces de completar el ejercicio que el Creador nos asignó. Es Él quien nos “sedujo” a esto, como si Él nos pusiera en un juego de computador, un polígono limitado por los lados de la pantalla. Estamos dentro de él. ¿Qué hacemos ahora?

Este es el lugar donde debemos establecer las nuevas relaciones que queremos adquirir. ¿De que carecemos en este campo de juego donde todos nos odiamos entre nosotros, como puntos dispersos en la pantalla? ¿Qué hacemos?

Debemos revelar la Luz que Reforma. Aprendamos a demandar que se esto ocurra. Es más fácil decirlo que hacerlo. El problema es que tenemos que esperar hasta que el nuevo grado se despliegue con toda su fuerza, lo cual toma tiempo. Después de todo, el primer grado espiritual es especialmente alto, no puedes saltar dentro de él. En comparación con el primero, los otros grados son ya más fáciles.

(35059 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 02/11/2011, Escritos de Rabash)

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