Un deseo malvado es una especie de regalo

El Libro del Zohar, Capítulo “VaIerá” (Y el Señor apareció), ítem 167: Cuando el Creador ama a una persona, Él le envía un regalo. ¿Y cuál es el regalo? Pobre, al ser recompensado con esto.

El mundo en el que vivimos se encuentra frente al mundo espiritual. Una recompensa en el mundo superior es considerada un castigo en nuestro mundo y viceversa. Por esta razón se dice sobre la realidad superior: “Vi un mundo invertido”.

Un regalo de Arriba es un despertar a través de un deseo. Todos venimos del nivel inanimado, de “cenizas”. En otras palabras, venimos de un grado tan bajo de los deseos,  que la persona no siente su existencia espiritual ni su deseo por lo espiritual, no sabe de dónde viene ni por qué, y no es consciente del propósito o el sentido de la vida. Él no siente nada. Este es nuestro punto de partida.

Todo lo demás viene sólo por medio del fortalecimiento y la elevación del deseo. Se dice con respecto a esto: “Creé la inclinación al mal”. Pero depende de la persona sentir y distinguir esta creación en sí misma. Una y otra vez esta inclinación se despierta más en ella, y la persona tiene que determinar si es realmente malo.

El Creador despierta el deseo, sin embargo, uno debe discernir que este deseo es malo y convertirlo de recetor a otorgante, del malo en similar a Él. Esto depende totalmente de la persona. Se nos dice: “Yo soy el primero y yo soy el último”. El Creador da el deseo, y entonces la persona debe llevar a cabo un análisis y regocijarse en el deseo de recibir. Está contento de recibir la oportunidad de reconocer el mal en el deseo a través del maestro, del grupo, y  de los libros. Se da cuenta de que el deseo malvado vino del Creador, de acuerdo con el principio: “Creé la inclinación al mal”.

Entonces, la persona desarrolla una actitud apropiada hacia su deseo: quiere convertirlo en bueno, en correspondencia con el Creador, la aspiración por el otorgamiento. Cuando una persona llega a esta decisión, comienza a demandar que el Creador transforme su deseo.

La persona entonces apela al Creador con esta demanda. Esta acción se llama: “Mis hijos Me han vencido”. Y el Creador le otorga la fuerza, la pantalla que transforma la inclinación al mal en la bondad. Este es el significado de “Yo soy el último”. Después de dar a una persona el deseo, el Creador ahora lo transforma.

En el estado intermedio, la persona independiente determina lo que recibió, lo que quiere, y lo que exige del Creador, y por medio de estas etapas del desarrollo avanza hacia la total similitud con el Creador.

Una y otra vez la persona adquiere más conocimiento, conciencia, comprensión, alcances, y amor por el Creador que le dio la inclinación al mal, la cual representa la oportunidad de darse cuenta de cuánto difiere del Creador y de saber cómo puede llegar a ser semejante a Él. Gracias a esto, la persona puede pedir al Creador la transformación y un contacto más cercano, así como lograr la independencia, la perfección, la participación y adhesión con Él.

La persona que entiende este proceso justifica el Creador cada vez que recibe un deseo malo proveniente de Él. En este caso no veo el mal en esto, sino más bien un regalo que puede convertirse en mi nueva realidad. Entiendo los actos de amor del Creador por mí, para hacerme independiente y similar a Él.

(34422 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 04 de Febrero del 2011, Escritos de Rabash)

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