Un insulto al honor

Pregunta: Hay situaciones en la vida en las que si alguien me insulta, me hace sentir herido y degradado. ¿Cuál es el orden exacto para analizar este tipo de situación?

Respuesta: En nuestro estado actual, somos incapaces de decir cuál es la actitud correcta hacia la realidad. Estamos confundidos, estando en la mitad entre el cielo y la tierra. Yo no he revelado al Creador aun, pero tampoco está en total ocultamiento. Yo percibo como revelación todo tipo de dichos, expresiones, frases sabias, y piezas de conocimiento, pero eso no es así. Todo se ha mezclado dentro de mí.

Por eso es que Baál HaSulám escribió en la “Introducción al Talmud Eser Sefirót” que durante estos años una persona tiene que maximizar el foco de su desarrollo. Este es un período de gran confusión, donde yo no puedo entender la verdad, pero tampoco estoy de acuerdo con la mentira. Yo simplemente soy empujado de un lado a otro.

Por un lado, no hay nadie más que el Creador. Yo estoy parado en frente de Él. ¿Entonces, como debería tratar la realidad si la única cosa a mi alrededor es Él? ¿Y dónde estoy yo? ¿Él me ha gritado, debería yo responderle a Él con gritos? ¿Pero si es el Creador, eso significa que tengo que contenerme todo el tiempo? ¿Debería yo mantenerme totalmente humilde, incluso en frente de una amenaza de muerte? A veces uno ve las cosas de esta manera.

En realidad, no hay ningún gran consejo que se le pueda dar a una persona en estos casos porque ella está sujeta a cambios a cada segundo. Es por eso que los cabalistas prescriben un orden específico de acciones para nosotros, el cual es determinado por el ocultamiento.

¿Por qué ellos nos dan estos consejos? Porque nosotros estamos sujetos a la influencia de dos fuerzas. El Creador no creo un simple estado donde yo me encuentro frente a Él y Lo revelo sin estar distraído por algo. ¿Quién soy “yo”? Yo soy la fuerza de separación y desunión con el Creador. Por otra parte, estas fuerzas aparecen ante mí como yo mismo y también como lo que está a mi alrededor, pero no como el Creador. Para mí, el Creador es una idea invisible e imperceptible.

Las fuerzas de desunión lo ocultan a Él de mí y yo tengo que unirlas dentro de un todo. Estas fuerzas me distancian y me separan del Creador, cubriéndolo a Él. Ellas se dividen en dos mundos: interno y externo. En esencia ellas pertenecen a una naturaleza de desunión, de deseos egoístas, pero ante mí parecen duales, como fuerzas opuestas.

Yo tengo que unirlas con las otras y discernir precisamente la desunión en ellas. Viendo las acciones, los pensamientos, los deseos y todo lo que existe a mi alrededor. Yo conecto lo interno y lo externo, haciéndolo solamente para lograr la unidad. En este caso, si soy capaz de hacer esto, yo no cometo errores.

Tenemos que aplicar aquí solo un principio: “Una persona juzga las cosas de acuerdo con lo que ve”. Yo no trato de alcanzar a Quien se oculta de mí. Pero tan pronto como yo uno todas las fuerzas, las mías y las de los otros en un todo, yo descubro dentro un solo Creador.

(34958 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 10 de Febrero del 2011, Escritos de Rabash)

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