Aprendiendo de la naturaleza

Escritos de Rabásh, artículo 535 “Sobre la asociación”: El esposo trabaja y trae dinero a casa, mientras que la esposa toma el dinero y su trabajo consiste en ir a comprar la comida y prepararla, asegurándose de que la comida sea sabrosa. Entonces ambos están felices y satisfechos. Si la esposa cocina comida sabrosa, entonces el esposo tiene apetito y entonces tiene la fuerza para trabajar y traer dinero a casa.

Análogamente, si los pies salen a la calle y las manos compran comida y dan sustancias nutrientes al cerebro, entonces el cerebro tiene energía para pensar.

Así es como la misma naturaleza ha organizado las cosas, aun cuando en nuestros tiempos muchas cosas suceden de manera diferente. Al final tenemos que llegar a ser similares a la naturaleza. No importa cuánto tratemos de huir de ello, tendremos que regresar. Obviamente, no regresaremos a la vida primitiva en las cavernas, y además, hoy día no habría suficientes cuevas a las cuales ir.

La esencia del asunto es que se le debe proporcionar a cada género el apropiado campo de actividad al cual está destinado, tanto en el sentido espiritual, como en su proyección material. Todo viene del mundo espiritual y por lo tanto tenemos que estudiar sus leyes para luego acudir al mundo material de acuerdo con ellas. En la espiritualidad existen dos Partzufím: masculino y femenino. La parte femenina es la portadora del deseo, la “casa”, y la “vasija” que tiene que ser ordenada de la manera correcta. Pero hacer eso requiere la fuerza que trae la parte masculina.

¿Dónde debe residir esta fuerza? ¿En qué tiene que encarnar? ¿Cómo debe ser expresada? La respuesta es: en la cualidad femenina. La revelación de la cualidad masculina en la femenina es la casa, los hijos, y todo lo que está conectado con la familia.

Por lo tanto, si dividimos las funciones masculina y femenina incluso en cada individuo, si organizamos hábilmente todas las cosas en su lugar correcto, entonces ganamos tiempo y velocidad de desarrollo, reduciendo los problemas y aspirando a la meta mediante el buen camino.

Vale la pena que nosotros aprendamos de la naturaleza. Después de todo, no podemos escapar de ella. Somos sólo pequeñas partes del gran todo. Si supiéramos esto y lo tuviéramos en mente sin tratar ir más allá de nuestro poder, si actuáramos precisamente de acuerdo con la naturaleza, entonces llegaríamos al estado perfecto.

A este respecto tenemos que entender que nuestro funcionamiento incorrecto es un resultado del egoísmo. Se nos confunde deliberadamente para tener la oportunidad de buscar la forma correcta de nuestra actividad en la vida sin pretender ser los amos como si nos hubiéramos elevado por encima de la naturaleza. De otra manera estamos bajo el poder de la naturaleza y en adición estamos además orgullosos de ser esclavos del egoísmo.

Nuestro trabajo es, primero y antes que nada, hacer un análisis: ¿Quiénes somos y qué somos, en dónde estamos localizados, hacia dónde vamos, qué nos controla y motiva, y a qué tenemos que llegar? Una vez que discernimos todas esas bases, podemos entonces establecer el orden correcto para controlarnos, tanto desde Arriba como de nuestra propia parte. Entonces llegaremos a la similitud con la imagen superior. Tenemos que usar precisamente esa imagen para aprender cómo construir nuestras vidas aquí, abajo.

El asunto aquí no es la moda o las costumbres de la época. La naturaleza tiene sus propias leyes y de verdad vale la pena que las sigamos.

(De la 4º parte  de la lección diaria de Cabalá del 3/7/11, sobre la mujer)

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