Ascendiendo hasta la raíz de la creación

Está dicho que “todas las puertas están aseguradas” para la plegaria del hombre “excepto por la puerta de las lágrimas.

¿Pero por qué debemos orar y qué pedir, qué decidir, si recibimos dos fuerzas y discernimos su oposición? El superior proporciona la fuerza de la Luz Circundante, el egoísmo despierta contra esta, y estamos entre dos fuerzas: la derecha y la izquierda.

Pero la propiedad que necesitamos alcanzar le pertenece al Pensamiento de la Creación el cual es deleitar a la criatura. Está por encima de resultados, acciones, y fuerzas ¡Esta mente, la cabeza del superior, es precisamente lo que el inferior, la criatura se esfuerza por alcanzar!

No tiene la menor oportunidad de alcanzar esto sola, a través de su propio esfuerzo, ya que existe una diferencia entre el pensamiento superior, las decisiones, y sus resultados y acciones. Y nosotros mismos, somos los actos del Creador.

Por tanto, cuando el hombre agota todos sus recursos, al haber hecho todo lo que podía, descubre una propiedad especial con la que no tiene una conexión. Es una decisión, un plan, para crear a la criatura, todo un programa concebido mucho antes de su creación. El hombre llega a conocer al Creador mismo, quien concibió todo esto, y por qué lo concibió así: la raíz de la raíz  del punto justo del cual nació la criatura.

¡Este deseo está oculto en la acción más diminuta, y nos guía desde el principio! Pero llegamos a este sólo tras una búsqueda muy larga, tras muchas acciones. Y cuando lo alcanzamos, descubrimos lo que está dicho: “Todas las puertas están aseguradas excepto la puerta de las lágrimas”.

Esta es considerada la “puerta de las lágrimas” porque todos los “cabellos” caen en hebras de Luz (Partzufím Searót, el “cabello”) que se extienden hasta nosotros de Arriba hacia abajo, del Superior que está “conmocionado” (Soer) y sufriendo mientras espera nuestra llegada, son revelados sólo ahora como lo hacen las “gotas de fortuna” (“Mazál”, del hebreo “Nosel” “gotear”), las gotas de Luz que caen hacia nosotros. Y uno puede alcanzar su causa, el por qué y el cómo es que tales efectos descienden hasta nosotros solamente al llegar a conocer Rosh de Atzilút (la cabeza del mundo de Atzilút).

Y esto puede ser alcanzado sólo a través de la puerta de las lágrimas, o un estado donde una persona llega a conocer la diferencia entre el “cuerpo” (Guf) del Partzúf y su “cabeza” (Rosh). Él no puede alcanzar y comprender la cabeza del superior en sí, su mente, pero gracias a su plegaria, él la alcanza.

De hecho, al estudiar todas las otras acciones del Creador, recibimos alguna idea de Su mente. Al ver una mesa, podemos suponer lo que tenía en mente su fabricante, así nosotros, al estudiarnos y revelar en el interior las acciones del Creador, acumulamos constantemente este ardiente deseo de entenderlo a Él y gradualmente llegamos a la puerta de las lágrimas.

(37688 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 3/10/11, sobre la oración)

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