Creciendo hacia el libre albedrío

Hemos nacido en condiciones especiales, únicas: en el deseo de recibir egoísta el cual es nuestra naturaleza. Este permea nuestra mente y corazón, es decir pensamientos y deseos, y brota de las Reshimót (genes de información) que recibimos al nacer. Se manifiestan en los atributos corporales que heredamos de nuestros padres y están implantados en nosotros como los rudimentos de las propiedades espirituales.

Este proceso contiene varios detalles que comprenderemos sólo cuando hayamos evolucionado lo suficiente y caído en cuenta de lo que es un alma, cómo circula, y a qué transformaciones se somete de un grado al otro.

Así, al nacer, recibimos un  “paquete” de atributos internos y externos. No tiene caso discutir con ellos. De la misma manera, tampoco elegimos el entorno en el que nacimos y en el que creceremos hasta llegar a la adultez. De esta manera, complementamos nuestras propiedades heredadas con lo que recibimos del exterior.

Esto corresponde con el desarrollo del alma, la cual estudiamos en el Estudio de los Diez Sefirót. En la etapa de la concepción, un alma se somete a un periodo de “nueve meses” pero no llega aun a la adultez. Recibe todo lo demás desde fuera sólo después, cuando nace a partir del Partzúf superior y reside próximo a este.

Habiendo nacido del tercio inferior de Tiféret que es considerado como el “vientre”, un alma se eleva al tercio superior de Tiféret considerado como el “pecho” (Hazé). Y más adelante, todas las Luces que no recibió en el vientre de la madre durante el periodo de “nueve meses”, el alma las recibe en el transcurso de “dos años” de crianza.

Podemos decir que ser criado es lo mismo que ser concebido, pero ahora continúa en las condiciones externas. Y luego, viene una nueva etapa del desarrollo en el exterior, los años de educación, el estado pequeño (Katnút), hasta que se alcanza la madurez, la cual se completa a la “edad de 20”.

Durante todas esas etapas, un alma discierne la Luz y los Kelím (vasijas) mientras evoluciona en contra de su voluntad, en virtud del ambiente que lo obliga a crecer sin que ejecute su libertad de elección. Y elección, en su significado directo, comienza con la transformación del alma al llegar a los “veinte años de edad” y en adelante.

Así es como los cabalistas describen nuestra evolución espiritual, la contraparte de lo que observamos incluso en nuestro mundo corporal.

(36270 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/24/2011, Escritos de Rabásh)

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