El amor que vence a un monte de odio

La “inclinación al mal” no es sólo un deseo innato de herir a alguien. Ese atributo natural no es malo todavía. Nosotros revelamos nuestra inclinación al mal sólo cuando empezamos a estudiar la Torá, a atraer la Luz que Reforma, y ​​a desear unirnos por medio de esta Luz.

En otras palabras, la inclinación al mal no se desarrolla en el nivel simple, mundano de la existencia. Más bien, se revela sólo a las personas que tienen un gen espiritual, el “punto en el corazón“, a quienes se unen al grupo de cabalistas y empiezan a trabajar en él con el fin de trascender su naturaleza egoísta, la intención “para uno mismo”.

Ellos atraviesan todas las fases preliminares de desarrollo, los estados internos de Abraham, Isaac, Jacob, el exilio de Egipto, hasta que llegan al estado de desesperación en el cual se dan cuenta que no pueden unirse, como está dicho: “Y los hijos de Israel lloraron por el trabajo”. Ahí es cuando la inclinación al mal, considerada como el Faraón, se les ha revelado gradualmente.

Pero eso no es todo. Huyen del Faraón, como si  se elevaran por encima de él, y luego llegan a la revelación del mal. Al haber cruzado el Mar Rojo y por lo tanto al haberse separado de la maldad del egoísmo, llegan ahora a darse cuenta de que este mal es como el Monte Sinai (la montaña de odio). Sólo bajo la condición de que alcancen esta realización el método de corrección del mal puede ser revelado, esto es llamado la “Entrega de la Torá“.

Posteriormente, se reúnen la segunda mitad de la condición: “He creado la mala inclinación, y he creado la Torá como una especia, como el remedio para reformarla” Si encuentras la fuerza de la ruptura dentro, llamada “la inclinación al mal”, tú serás capaz de reformarla. Esta es la fuerza que te separa de los otros, y se desarrolla sólo si estás interesado en unirte, dándote su mejor esfuerzo para la unificación.

Entonces, llegamos a conocer la “inclinación al mal”, y este es un estado muy elevado de la revelación. Descubrimos que debemos llegar a ser como un hombre con un corazón, en garantía mutua (antes de eso, uno no puede comprender lo que significa). Y ahora desarrollamos la necesidad de la Torá: el remedio para la corrección. De hecho, comenzamos a darnos cuenta de que somos incapaces  de hacer algo por nuestra cuenta, y todos nuestros logros se deben a la Luz que Reforma que ha puesto de manifiesto para nosotros este mal y ahora puede reformarla en bien.

Cuando la Luz establece la paz entre nosotros, significa que se añade la intención de otorgar a nuestra inclinación al mal, y entonces el “ángel de la muerte” se convierte gradualmente en el “Santo ángel”. Por lo tanto, está dicho: “He creado la Torá como una especia” a la inclinación al mal, lo que significa que sólo añadimos intención de otorgar a ella, como una especia, y no la destruimos. Todo nuestro odio permanece y siempre se desarrolla en un grado cada vez mayor, con el fin de darnos una oportunidad de construir una pantalla mayor sobre él.

Así crecemos: Desde un pequeño punto dentro de nosotros, todos pueden crecer hasta el mundo del Infinito y ganar todo este enorme deseo, el Kli (vasija) que el Creador creó inicialmente. Es decir, por medio de la inclinación al mal nos hacemos semejantes al Creador, creciendo en esto, de la misma manera que aumenta su tamaño la masa.

(38329 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 3/17/2011, sobre el tema de “Creé la inclinación al mal, y creé la Torá como una especia”)

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