El camino a través del corazón roto

Con toda nuestra fuerza estamos intentando al menos realizar algún tipo de acción práctica de otorgamiento, para ver a nuestro ambiente como otorgante y perfecto. Queremos rebajarnos ante el ambiente y ver a los amigos como los grandes de la generación, para que a través de ellos recibamos la oportunidad de llegar al Creador. Pero entre más lo intentamos, más nos damos cuenta que sólo lo deseamos en forma egoísta, para aprovecharnos a expensas de todos y para a todos en beneficio propio

Estas oportunidades constantemente se revelan a la persona y ve que de inmediato las reconoce y quiere usar a la sociedad para sus intereses personales. Estos son los mejores momentos, las revelaciones de la verdad. Y si la persona está dispuesta a soportarlas y avanzar sin abatirse por ello, sino que continúa moviéndose en dirección al otorgamiento al ambiente, entonces revelará su deseo cada vez más.

Verá que sin importar que tanto intenta actuar para el otorgamiento, para otorgar al ambiente y revelar la Creador a través de los otros con el fin de otorgarle a Él, en respuesta a todos los intentos, continuamente revela pensamientos de “egoísmo roto” e intenciones opuestas, es decir síntomas de un corazón roto.

Solamente en la medida en que la persona aspire al otorgamiento y  la santidad, revela las expresiones de la fuerza impura que rige sobre él. Y no hay nada que hacer acerca de esto porque necesitamos esta revelación. Si el egoísmo se revela a una persona con tal fuerza que llegue a odiarlo y no quiera permanecer en él, esto es una plegaria.

Luego de esto, no es necesario pedir ya nada. Si lo hace, serán peticiones artificiales. Una plegaria es la sensación que se encuentra en el corazón. Si una persona siente cuanto sufre por sus inclinaciones egoístas, que le impiden emplear los medios que deberían conducirle a otorgar al Creador, entonces  ya es suficiente. Por medio de esto, ya se acerca al Creador. ¡Todo parece estar de cabeza! Se encuentra cercano al Creador precisamente cuando revela cuán roto y opuesto es su corazón del Creador.

Se deduce que debemos entender que nuestro trabajo es opuesto al trabajo de los religiosos que se siente perfectos, inspirados y enaltecidos. En la Cabalá es todo lo contrario: el camino al Creador está en el corazón roto, que es cuando descubrimos cuán opuestos somos a Él. Y de este descenso profundo, clamado al Creador, revelamos que tenemos un punto de contacto con Él.

En consecuencia, la alegría y la desesperación llegan simultáneamente, apoyándose y uniéndose. En este momento el Creador se revela como resultado de la unificación de estos dos opuestos en uno solo.

De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 9 de marzo 2011.

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