Entre el Creador y el Faraón

En la naturaleza no hay libertad que haya aparecido de la nada. La naturaleza es un sistema de leyes y nada en ella puede estar fuera de la ley.

Estamos siendo controlados por dos fuerzas: la recepción y otorgamiento. Libertad es cuando somos capaces de complementar la acción de una fuerza con la de los demás y, al permanecer entre ellos, comprender la realidad que los ha unificado en su interior.

Siempre tengo que elegir bajo qué influencia ponerme, bajo el control de qué fuerza estar. Tiene que ser una o la otra: la fuerza de otorgamiento o al de recepción.

Además, con el fin de obtener autonomía, no quiero ser dominado por una de ellos. Por un lado, el Faraón me dice: “¿Quién es para mí el Creador que tengo que escucharlo a Él?” Pero por otro lado, tengo que preservar al Faraón intacto, aunque yo me mantengo a distancia. Huyo de él para poder obtener la segunda fuerza también. Antes, yo era esclavo del faraón, y ahora me convierto en esclavo del Creador.

Todo esto se hace para que al final, podamos llegar al punto medio entre ellos. Esto es considerado como el tercio medio de Tiféret, Klipát Nóga (cáscara Nóga). Este es el lugar donde las escalas que mantienen el bien y el mal entran en equilibrio. Yo estoy en el medio y ni el Creador ni el Faraón me controlan: Yo rijo sobre ambos. Este estado es descrito como “Mis hijos me han vencido”.

Se trata de un equilibrio sutil que la persona debe construir en cada grado espiritual. Alineamos dos fuerzas, dos líneas, la derecha y la izquierda, el juicio y la misericordia, y con ello avanzamos en la línea media.

Por lo tanto, mi trabajo consiste en encontrar la fuerza tanto del Faraón, la inclinación al mal,  como la fuerza del Creador, la inclinación al bien, en el estado presente “animado”, “ciego”. Las pongo una ante la otra, puesto que el Creador ha dicho: “Vayamos a Faraón, porque yo he endurecido su corazón”. Al aumentar la fuerza del mal, el Creador también puede hacerse más grande ante mis ojos y mostrarse a Sí mismo detrás de Faraón. Entonces ambos se desarrollan igualmente en mi punto en el corazón, y este punto recibirá la libertad, el poder sobre las fuerzas.

Eso es lo que necesito llevar a cabo. En este punto mío, entre la buena y la mala inclinación, en el tercio medio de Tiféret, encuentro mi libertad al fin. Y este es mi verdadero Yo. A partir de los puntos que surgen en cada grado espiritual, yo construyo la línea media, la línea de lo humano en el interior, hasta que alcanzo el Infinito.

En el mundo del Infinito, creamos nuestro estado autónomo que es 620 veces más potente gracias al hecho de que usamos ambas fuerzas en su totalidad. Este es el método correcto para la utilización de las fuerzas del Creador y el Faraón que rigen en la naturaleza. Y el hombre es capaz de lograr esto.

(38355 – De la 4º parte  de la lección diaria de Cabalá del 3/17/2011, sobre los principios de la educación global)

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