La conversación entre el creador y su amada creación

Cuando comience a reformar mis relaciones con el mundo entero, con todas las otras almas, y con los amigos del grupo que estudian conmigo, yo descubro repentinamente que sólo existimos el Creador y yo, y nadie más. En otras palabras, existen mis amigos, el mundo, la naturaleza inanimada, vegetativa, y animada, la gente, y las almas, y todo esto son, en esencia, las manifestaciones del Creador que me corresponden.

Después de todo, el Creador no puede mostrarse a mí como la Luz sin la vasija (Kli), puesto que no tendré nada con que percibirlo a Él. Por lo tanto, el Creador se divide la creación en dos partes: la creación misma, su alma y los demás deseos aparte de esta creación, los cuales son propiedades del Creador.

“El Creador” (Boré) se deriva de las palabras hebreas “ven” y “ve” (Bo y Re). En otras palabras, si el ser creado se conecta con el Kli que al parecer está fuera de él, de esta manera expresa su actitud hacia el Creador, y en esta vasija, aparece la Luz. Todo esto da a la criatura una oportunidad para percibir la fuerza superior (en relación consigo mismo).

Entonces, el ser creado comienza a comprender el “lenguaje” del Creador, la conversación que el Creador tiene con él. A veces, le parece a la criatura que esta vasija “externa” está por encima de ella y en otras ocasiones, que está por debajo de ella. A veces, ve el mundo como un inútil vacío donde no hay nada en absoluto. Sin embargo, si la criatura se da cuenta que es el Creador quien hace este espacio vacío para que la criatura lo llene con su deseo de otorgar por sí mismo, ella recibe espacio para trabajar.

En este vacío, hay una carencia de la Luz de la fe, de la Luz de otorgamiento, Jasadím (Misericordia). Si la criatura es capaz de llenar esta dimensión vacía con de la Luz de Jasadím, en consecuencia, ella se une con el Creador y puede encontrar además, la Luz de Jojmá (Sabiduría).

Hay estados opuestos en los que el Creador permite sentir a la criatura en sí misma su llenado. Primero, sientes que permaneces ante una enorme Luz que por ahora está fuera de ti. Esta sensación se nos da en las primeras nueve Sefirót (Tet Reshinót). Tienes que hacer una restricción en ella, elevar tu frontera interior, para que puedas recibir la Luz (en el Níkvei Eináim), y trabajar en las tres líneas con el fin de medir con tu pantalla el llenado que está ante ti, o discernir hasta qué medida puedes recibir con el fin de otorgar.

De esta manera avanzamos, pasando por varios estados, aun cuando no siempre somos conscientes de ellos. Sin embargo, ellos se desarrollan sólo cuando no olvidamos que sólo hay una Luz única y una única vasija que está dividida en muchas partes para nuestro beneficio, la cual tenemos que incorporar gradualmente en nosotros mismos con la intención de otorgar.

En este camino, hay dos estados para nosotros. El primero es el peldaño de Bína (Jafétz Jésed) en el cual la persona realmente no puede conectarse por ahora con los demás y sólo aprende a resistirse a su egoísmo, elevándose por encima de los propios deseos, por sobre la “inclinación al mal” que está siendo revelada a ellos, y obtiene los Kelím de GE (Galgálta ve Eináim).

Más tarde, la persona comienza a trabajar con la “unificación de la propiedad de misericordia y la vasija” cuando incluso sus propios deseos de recibir que son incluidos en él, sólo se utilizan para otorgar.

(38119 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de Marzo del 2011, Escritos de Rabásh)

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