La creación multidimensional

El Creador creó un deseo que inicialmente estuvo en unidad total con la Luz que lo concibió, en la adhesión sostenida por el poder de la Luz. Esto es lo primero y, por parte del Creador, el estado absolutamente perfecto, sólo la criatura no lo siente. Esto se debe a que este estado fue creado por el Creador, y carece de la conciencia de este por parte de la criatura. Esencialmente, aun no hay creación en esto, sólo hay algo que fue creado y existe debido a la fuerza que lo engendró.

Por lo tanto, los seres creados necesitan someterse a un largo proceso para obtener su propia conciencia, y hay varios estados en este camino. Primer, parece no existir en absoluto, como “existencia de la ausencia” (Iésh Mi Áin). Sin embargo, al final, la criatura se convertirá en “existencia de la existencia” (Iésh Mi Iésh), es decir, como el Creador.

La criatura supera esta discrepancia, desde “Iésh Mi Áin” a “Iésh Mi Iésh” de manera gradual, al desarrollarse paso a paso, con lo que finalmente adquiere una segunda naturaleza: la naturaleza del Creador. Sin embargo, para adquirir esto, tiene que actuar de forma independiente con el fin de alcanzarlo por sí mismo: lo que la creación, “Iésh Mi Áin“, y el Creador, “Iésh Mi Iésh“, son y en qué difieren.

Esta tiene que evaluar constantemente estos dos estados ya sea que esté de acuerdo o en desacuerdo con ellos, es decir, al declarar sus deseos, tras haber recibido el libre albedrío. Por lo tanto, la criatura se acerca cada vez más a la forma del Creador y la acepta no porque esta sea más agradable y benéfica (es decir, no por su esfuerzo natural egoísta), sino porque, de hecho, adquiere las propiedades del Creador, los atributos del otorgamiento puro.

El alcance, en general, es posible sólo a través de la equivalencia de forma. De lo contrario, nada puede ser alcanzado, tampoco el Creador ni sus cualidades pueden ser comprendidas si uno no posee estas mismas. Por lo tanto, para que el ser creado alcance al Creador por completo y se convierta en idéntico a Él, el Creador divide el estado que comparte con el ser creado como uno en varias partes, estados consecutivos, y varios deseos y pensamientos.

Esto puede visualizarse como bloques de construcción o como un rompecabezas, pero no como uno de una o de tres dimensiones, sino más bien como bloques de construcción de innumerables dimensiones. Cualquier pieza de este rompecabezas tiene un número infinito de lados con los que se entrelaza con todas las demás para que nadie tenga nada suyo, sino que su parte superior siempre se conecte con la superior y su parte inferior se conecte con la de abajo de él.

Todas ellas están conectadas de tal manera que nadie tiene nada que le pertenece a sí misma, excepto una: el mismo punto central en el Tábur (ombligo). Este es el lugar donde cada una decide cómo puede participar de manera independiente, con su propio alcance y conocimiento, y alcanza esta interconexión en la que involuntariamente se encuentra con el fin de dar toda su fuerza y ​​su deseo de mantener este enlace.

(38127 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 15 de Marzo del 2011, Escritos de Rabásh)

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