La creación nadando en un océano de Luz

Sólo existen dos fuerzas en el universo: la fuerza del otorgamiento, el Creador; y la fuerza de recepción, la creación.  Comienzan estando opuestas una de la otra siendo la fuerza del Creador infinita, como un océano de Luz que está en reposo eterno. Y la fuerza de la creación comienza con un pequeño punto dentro de esta Luz de Infinito.

La voluntad del Creador es la de elevar este punto de manera que llegue a ser tan grande como la Luz e igual a ella de todas las formas tanto en tamaño como en cualidad.  Esto significa que lo bueno y generoso del Creador ha llevado a cabo su acción buena y benevolente, la acción de otorgar.

Por lo tanto, el Creador le da a la creación todas las cualidades que están presentes en el deseo de recibir placer, opuesto a lo que está presente en el Creador, que es el deseo de otorgar, de manera que la creación decidirá de manera independiente y libre escoger el estado de otorgamiento del Creador, como la cualidad más elevada y deseable comparada con todo lo que está presente en la creación.  Aunque obtenga la oportunidad de recibir cumplimiento infinito para su propio beneficio, preferiría permanecer vacía solo para estar cerca de la cualidad de otorgamiento.

En este sendero la creación tiene que pasar a través de una enorme cantidad de discernimientos, pero todos ellos se pueden dividir en dos partes: entendimiento cuantitativo y entendimiento cualitativo.  Todo el trabajo de la creación se encuentra en el entendimiento de su maldad.  Tiene que entender cuan mala es su cualidad egoísta de recepción en comparación con la cualidad de otorgamiento del Creador.

Y la razón por la que es malo no se debe a que le causa sufrimiento a la creación. En ese caso la creación elegiría de manera egoísta el otorgamiento. Sin embargo, estos discernimientos del bien y del mal no deben depender de los deseos de la creación misma, lo que significa que no puede escoger algo que sería capaz de disfrutar de manera natural.

La elección tiene que hacerse desde el punto donde sea independiente de tus propios deseos  de manera que prefieras otorgar para garantizar esta cualidad, porque es la más glorificada de todas. Y esto no debe suceder porque planeas recibir algún tipo de cumplimiento o beneficio de ella.

Por lo tanto, en este camino la creación siempre comienza por preguntar, “¿Quién es el Creador para yo escuchar Su voz?” Y “¿Qué recibiría yo por todo este trabajo?” Es decir, revela todo sus deseos, toda la vasija (Kli) y su tamaño así como su cualidad, realizándose a sí mismo y exigiendo cumplimiento natural de acuerdo con sus cualidades egoístas.

Entonces funciona al analizar los deseos desde adentro, y alcanza el entendimiento de que es completamente limitado y sus aspiraciones están dirigidas hacia su propio placer, que por lo tanto es falso.  Bajo estas condiciones, no puede valorar objetivamente la verdad.

Y cuando intenta alcanzar la verdad para no depender de sus propios deseos, para no quedarse “colgado” entre el cielo y la tierra, se ve a sí mismo como “mitad pecador y mitad justo” como si estuviera en la balanza de la justicia. De aquí en adelante la creación comienza a trabajar por su cuenta y a su libre elección.

De la primera parte de la Lección Diaria de Cabalá del 10 de marzo sobre La Oración

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