La criatura que está fuera del control del Creador

Se dice: “He creado la inclinación al mal, y he creado la Torá (la Luz) como el medio para corregirla”. Y, en efecto, esta es la condición más importante porque todas las demás provisiones, principios, y recomendaciones que nos proporcionan los cabalistas, sus explicaciones sobre el Creador y las leyes de la creación, todo ello se deriva de la ley suprema mencionada.

Primero, esta comienza con la criatura misma: “He creado la mala inclinación”, lo que significa que tiene ante sí, no hay criatura. Hasta que el hombre no encuentra la “inclinación al mal” en el interior, él no es considerado como “ser creado”. Todos los otros atributos, pensamientos, deseos, tendencias y acciones que no pertenecen a la inclinación al mal no se consideran como la criatura.

En otras palabras, ni el lápiz que tengo en mi mano, ni yo mismo puedo ser considerado como la criatura, puesto que no hay una inclinación al mal revelada en su interior. Para empezar, necesito ver la inclinación al mal que es la única cosa a la cual damos el título de “creación” o Beriá, de la palabra hebrea “afuera” (Bar) del Creador, es decir, opuesta a Él, contra Él. Por lo tanto, primero debe haber un entendimiento de quién es el Creador, y entonces comprenderás lo que es la “inclinación al mal” (o criatura que permanece en oposición a Él).

De toda la creación, la inclinación al mal está presente sólo en un ser humano de este mundo, y no en todos, sino sólo en la persona que ha desarrollado un deseo de recibir placer con una intención egoísta llamada “odio” hacia los demás. Si él tiene un deseo que ha alcanzado un cierto grado equivalente al Monte Sinai (la montaña de odio), sólo entonces puede ser considerado como el “ser creado”, y la Cabalá se refiere específicamente a él.

Todo lo demás no se refiere al mal, porque no es más que la naturaleza que funciona de acuerdo con sus leyes dado que no podemos cambiar. Si hay un lugar donde algo pueda ser aclarado y trabajado a fin de ser cambiado para obtener una recompensa por un esfuerzo, ese lugar se llama la inclinación al mal, el odio.

El odio surge durante la ruptura de los deseos (Kelím). Hubo un alma integral, pero se rompió, es decir, la fuerza de la separación, el resentimiento y el odio, vinieron y trabajaron entre sus partes, que solía ser un todo. Todos ahora quieren utilizar a los demás, obteniendo placer de humillarlos y explotarlos, hasta que él destruye al otro por completo. En otras palabras, él disfruta de lastimar a otras personas.

Esta es la consecuencia de la ruptura de los Kelím, y esta fuerza se encuentra frente al Creador. La Luz superior rompió el Kli, entrando directamente como es, sin la pantalla, sin la intención de otorgar por parte del Kli. De esta forma nos convertimos en el ser creado y la inclinación al mal apareció en nosotros.

Por lo tanto, la persona debe diferenciar entre el “yo” y la “inclinación al mal”, la creación en sí misma, si él trata de descubrir esto.

(38332 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 3/17/2011, sobre el tema “He creado la inclinación al mal, y he creado la Torá como una especia”)

Material Relacionado:
Del odio al amor no hay más que un solo paso
La transformación del corazón: golpe tras golpe
Tu único grado de libertad

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta