La Luz y la vasija: no sólo llenado sino infiltración

El Creador creó un deseo que era “redondo” (es decir que inicialmente, no tenía ningún detalle de percepción) y lleno con la Luz. Con Su fuerza, la fuerza de la Luz, Él creó la realidad del deseo y lo llenó con la misma precisa Luz.

Así, existen sólo dos elementos en el universo: el deseo y la Luz, la vasija (Kli) y lo que la llena. La Luz es considerada como “el Creador”, mientras que el deseo es considerado “la criatura”. Sólo ellos existen en el mundo de Infinito. Con respecto a “mundo” en la espiritualidad, es un estado del ser y no una imagen que estamos acostumbrados a ver en nuestro mundo.

Así, el estado inicial del deseo y la Luz es llamado “el mundo de Infinito” ya que no hay fronteras ni restricciones. El deseo tiene tanta Luz como lo desee. Todos los componentes del deseo están plenos.

¿Qué hace falta aquí? El deseo es creado pero no está consciente de ello. Existe porque la Luz lo sustenta. Para que el deseo evolucione y sienta lo que es, lo que tiene, y para qué fue creado, es necesario insertar un cierto componente adicional en este. Esto es porque mientras esté encerrado en sí mismo, el deseo carece de conciencia y conocimiento de su existencia.

Para percibirse a sí mismo, el deseo tiene que mirarse desde un lado, observarse, y reflejarse en su existencia. Los mamíferos no desarrollados y los humanos no poseen tales características. Sólo al haber evolucionado, el hombre comienza a preguntarse: “¿Qué y quién soy? ¿Para qué soy? ¿Cuál es la esencia de esta vida?” Él o ella están interesado no en la satisfacción propia sino en el significado de la vida y se esfuerza por mirar fuera de su existencia.

Con el fin de darle al deseo esta oportunidad y capacidad, la Luz debe entrar e impartirle sus propiedades. En ese caso, las propiedades tanto del deseo como de la Luz coexistirán en este, y en el contraste entre ellos, comenzará a preguntarse: “¿De dónde vengo? ¿Por qué existo? ¿Hacia dónde voy?”

Sin embargo, si la propiedad adicional no se manifiesta en el deseo, no comenzará a cuestionarse acerca de nada y se preocuparán sólo por su necesidad natural: permanecer satisfechos y plenos. Similarmente, los representantes de los grados inanimado, vegetativo y animado se esfuerzan por satisfacerse y preservarse de la mejor manera posible.

Es por esto que el Creador debe penetrar el deseo e infiltrarlo con Sí mismo, para darle la forma de la Luz.

[37047] De la tercera parte de la lección diaria de Cabalá del 4 de marzo 2011, Explicación del artículo, Prefacio a la sabiduría de la Cabalá.

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