Manteniendo el grupo en alto

Al encontrado el entorno correcto, la persona está lista para someterse frente a este, para aceptar todo lo que se le dijo. Al principio, ve la grandeza en todo: en el maestro, los estudios, y los amigos.

Sin embargo, al pasar cierto tiempo, comienza a acostumbrarse. Se le da una oportunidad de unirse al entorno, y luego tiene una caída: “Todo está bien. Estoy en compañía, igual que antes. Tengo todo arreglado”.

Al hacer eso, la persona se cancela y rueda cuesta abajo. En su estupidez y orgullo, no entiende que ahora se le da una oportunidad de acercarse, de exaltar el entorno ante sus ojos. Este tiene que volverse incluso más alto para él de lo que era al principio.

Sin embargo, la persona ve el mundo a través de un prisma material. Los amigos le resultan ya familiares y no tan grandes como antes cuando se sentía un humilde invitado entre ellos. El material de estudio adquiere coherencia, y el maestro pierde su previa grandeza también.

Así es como crece el egoísmo para darle la oportunidad a la persona de exaltar constantemente su entorno nuevamente. Sin embargo, él no usa esta “ayuda en contra de él” para el propósito de ascender, sino que lo deja así. Como resultado, en lugar de ascender, él desciende.

De esta manera, personas que merecen el ascenso y la revelación del Creador, al no tener la oportunidad de entrar al entorno, comienzan inmediatamente a descender, a ser indiferentes a los medios que han recibido. Tan pronto como mañana, ve el entorno de manera diferente de como lo veían ayer. El maestro, el grupo, y los libros pierden valor ante sus ojos, aun cuando sea a velocidades diferentes.

Es por eso que mi trabajo es exaltar constantemente la importancia del entorno: el maestro, los libros, y el grupo. Necesito ascender constantemente, y no porque alguien necesite mi reconocimiento, sino simplemente porque no alcanzaré la grandeza del Creador de otra manera.

El entorno no se plantea a sí mismo como algo especial, y es por eso que es tan difícil valorar a los amigos. El maestro tampoco luce como un gran hombre. Siempre ha sido difícil mantener en alto al entorno en los grupos cabalísticos. Aun así, no tenemos otra salida. Tenemos que comenzar a ayudar a los amigos a darse cuenta de la importancia del grupo.

Esto no quiere decir que tenemos que actuar como importantes o andar contoneándonos, alardeando de nuestra grandeza. Es imposible fingir aquí ya que el Creador está oculto. Mientras más alto es alguien, menos lo aparenta, y el Creador está oculto más que nadie. Esta es una ley espiritual.

Es por eso que tenemos que incrementar la importancia del entorno en general para alcanzar la importancia del Creador a través de este. Si originalmente esta meta no está ardiendo dentro de nosotros, si no construimos este sistema claramente a partir de la grandeza del entorno hasta la grandeza del Creador, entonces no alcanzaremos nada. Por el contrario, la indiferencia sólo crecerá.

Hoy día, la organización Bnei Baruj existe porque yo existo. Mañana, si no estoy aquí, sucederá lo mismo que le sucedió al grupo de Rabásh: discordia en todas las direcciones. Es por eso que necesitamos exaltar la esencia de nuestra sociedad, sus bases, su grandeza, fluyendo de la aspiración hacia la grandeza del Creador.

Si esto constantemente adquiere importancia y grandeza, llenando la cabeza y el corazón de todos; si pertenezco, existo, y me fusiono con esto; si anhelo la grandeza de la sociedad porque me lleva hacia la grandeza del Creador; si constantemente siento esto y si esto es lo que me mueve, sin duda llegaremos a la meta en un lapso de tiempo más corto.

(35283 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/14/2011, Escritos de Rabásh)

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