No veamos más mal en el mundo

Todo nuestro trabajo no apunta a la corrección de nuestras cualidades naturales y a hacer del mundo un lugar más cómodo para vivir. Todo el mal que se desenvuelve dentro de nosotros debe emerger, tan rápidamente como sea posible para mostrarnos nuestros verdaderos colores.

En otras palabras, nuestra tarea es acelerar nuestro desarrollo, hacer la transición con mayor rapidez “de un fotograma al siguiente”, de una imagen a otra. Tengo que trabajar para que mis estados internos cambien lo más rápido posible, para que mis pensamientos y deseos, mente y corazón, sean renovados rápidamente, y yo pase a un estado cada vez más avanzado, verdadero.

Todo depende de cuan arduamente me empuje yo mismo hacia un mayor desarrollo de mi receptividad, acercando por lo tanto mi percepción de la Luz. La cadena de estos cambios ya está escrita en el programa que llevo dentro, y sólo puedo acelerarla. Sólo ahí yace mi libre albedrío y los medios para expresarme, mi aceptación del estado final, la adhesión con el Creador, la cual deseo alcanzar.

Por lo tanto, necesitamos recibir fuerzas adicionales del entorno y esforzarnos hacia el desarrollo interno, hacia la conciencia del mal. Tenemos que darnos cuenta de que todos estos estados que se desenvuelven dentro de nosotros nos son dados para evaluar de qué carecemos para llegar a la adhesión. Considero que estas faltas como el mal.

La fuerza de avance, la aceleración, sólo viene del entorno, como está escrito: “. La envidia, la lujuria y la ambición sacan a la persona de este mundo” Después de todo, no deseo que estos cambios ocurran, son en contra de mi naturaleza. No quiero cambiar hacia el otorgamiento, pero dado que el entorno me estimula y me convence de que es muy importante y vale la pena hacerlo, me sumerjo en un estado que nunca hubiera elegido por mi cuenta.

El entorno me da la fuerza para resistirme a mi naturaleza, y por lo tanto soy capaz de soportar tales cambios hacia el otorgamiento y estoy dispuesto a anularme a mí mismo, sacrificando mi egoísmo. El deseo de alcanzar el otorgamiento que el entorno infunde en mí, es más fuerte que mi instinto natural de buscar la auto-gratificación.

De tal modo, acelero mi desarrollo y avance. Puesto que extraigo mi maldad de manera metódica, esto inmediatamente se convierte en bien, como está dicho: “Basta con mirarlos, y se derrumbarán como polvo”. Todo depende de nuestra percepción de las propiedades negativas que se nos revelen.

Si percibimos todos los males en el mundo como nuestros propios defectos de percepción, podemos entender lo que debe ser corregido para unificar ambos mundos en uno solo. Para ello, necesitamos mantener despierto nuestro entorno, lo más que podamos, para que con su ayuda, alcancemos un estado corregido en el que ya no veamos ningún mal en el mundo.

(37899 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 3/13/2011, sobre el mal)

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