Un alma para todos

El mundo espiritual es un alma unificada, una para todos. Al unificarme con otros, cada uno alcanza la misma alma integral. En el artículo “600,000 almas”, Baál HaSulám escribe que no hay nada más en el mundo sino un alma.

Cada persona alcanza esta alma colectiva de manera individual, de acuerdo con su programa o Reshimót (genes espirituales), justo como en el presente, observamos al mundo circundante y lo vemos a nuestra manera. No puedo comparar el sabor que obtengo de una cierta comida con el sabor que perciben los otros, o mi impresión de una pintura que ambos vemos. Cada uno tiene impresiones de acuerdo con sus Reshimót.

Incluso si estamos ante una misma imagen en la espiritualidad, los mismos mundos y Partzufím, cada uno recibe una impresión individual de todas maneras. Esta singularidad no se anula.

¿Cómo me unifico con el alma integral? Lo haces mediante los deseos. Supón que estoy en el centro de los mundos espirituales: Asiá, Ietzirá, Beriá, Atzilút, Adám Kadmón (AK), o el mundo de Infinito. Al salir de mí mismo, de mi ego, y unificarme con los otros, alcanzo la dimensión del alma integral. En ella, percibo el mundo espiritual. Mientras más salga de mi ego, al adquirir los Kelím (vasijas) de otros, más exaltado es el mundo que percibo mediante esto.

¿Cómo lo hago? Yo “adquiero” nuevos deseos ya que sólo tengo un punto, un embrión, del alma. Los nuevos deseos que gano al unificarme con otros son, de hecho, el Kli (vasija) de mi alma.

(38566 – De la 2º parte de la lección diaria de Cabalá del 18 de Marzo del 2011, “Introducción del Libro del Zohar”)

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