Un niño que busca sus padres espirituales

El resultado final de nuestro trabajo es el establecimiento de la conexión con el entorno el cual se hace más extenso y fuerte todo el tiempo, y esto fortalece nuestra unión. Al principio soy como una gota de semen que se adhiere a las paredes del vientre. Después yo me desarrollo anulando mi deseo egoísta a los niveles embrionario, crianza, adultez de la primera fase, la de un embrión. A esto se le llama el desarrollo de las tres secciones del vientre espiritual, donde yo me elevo de una sección a otra.

Después yo atravieso el nacimiento espiritual, lo que significa que yo establezco un nuevo tipo de conexión con el entorno y comienzo a interactuar con el grupo conscientemente. Yo comienzo a chequear y analizar nuestra relación, y trato de hacerla más efectiva, tanto como yo sea capaz de revelar mi entorno.

De hecho, el entorno está siempre a un nivel más elevado que yo. Dependiendo del nivel de mi desarrollo, puede ser o el vientre de la madre para mi, o la Madre (Íma), o la Madre y el Padre (Ábba ve Íma), o Árij Ánpin. Así es como descubro todo el sistema espiritual descrito en El Estudio de las Diez Sefirót, el cual se revela en mi fuerte conexión con el grupo que va en aumento.

Y luego, yo revelaré que no solamente están los amigos actuales: Las almas de los grandes cabalistas de todas las generaciones también participan en el mismo grupo, las que ya se han corregido y se unen al mismo sistema, rodeándonos a nosotros.

Y si yo previamente juzgaba todo “de acuerdo con mis propios defectos”, ahora, a medida que avanzo, yo valoro este grupo aun más. En cada nivel atravieso por todos los estados: embrionario, crianza, adultez, es decir, yo primero desarrollo mi parte superior, GE, dándome cuenta de mi Reshimó (gen espiritual), y después AHP (AJáP), hasta que completo mi corrección.

(38912 – De la 4º parte de la lección diario de Cabalá del 3/23/2011, preparación para la Convención WE!)

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