Corta al Faraón

El Faraón dentro de ti necesita crecer. Al principio es pequeño, ¿Entonces qué clase de rey es ese en realidad? José siente que puede controlar todo su Egipto, todo su egoísmo, para su beneficio. El prevé el futuro y sabe lo que se necesita hacer. Mi ego florece; llego a los siete años de abundancia.

E incluso cuando los siete años de hambruna comienzan, aun no lo siento. Le vendo mis reservas al Faraón. La miseria de los Egipcios me beneficia: Se los vendo al Faraón junto con todo lo que tienen, mientras Israel no sufre e absoluto en mi tierra de Goshén. No hay hambre ahí.

Vean cómo esos estados son revelados en una persona en cierto orden, uno tras otro, hasta que comienza a entender que el Faraón es su ángel de la muerte, y no hay nada que pueda hacer al respecto. Entonces, él comienza a darse cuenta que todo viene de la misma fuente, el Creador. El Faraón lo trae cerca del Creador (“traer cerca” y “sacrificar” son una sola palabra). Él nos ayuda “indirectamente”.

Ya no recibo placer de la recepción, pero tampoco disfruto el otorgamiento. ¿Entonces, qué me queda? ¡No tengo ninguno de los dos! Esto es llamado: “Y los hijos de Israel gemían a causa de la esclavitud”. He salido de la recepción egoísta y no veo alegría en ella. Esas “bellas ciudades” sólo son buenas para el Faraón; no significan nada para mí. Esto significa que ya me he separado del Faraón.

Esas ciudades permanecieron pobres para mí porque no he recibido nada de ellas. ¿Dónde está el otorgamiento, el alcance? No hay nada. Esto es porque quiero el otorgamiento y el alcance espiritual de manera egoísta. Quiero otorgar para mi propio bien ¿Así que cómo puedo llegar al otorgamiento puro, desinteresado?

Necesito elevarme por encima de esas “ciudades pobres” de manera que deje de esperar cualquier tipo de compensación por mis acciones. Sólo entonces puedo estar listo para elevarme al grado de fe que está completamente desconectado de mi deseo y mis cualidades actuales.

Soy incapaz de alcanzar este estado por mí mismo, pero necesito el deseo de tocarlo, de separarme del pensar en mí mismo incluso muy ligeramente. Este es un gran problema. Cuando finalmente llego a esto a través de las ciudades que son hermosas para el Faraón y llenas de miseria para Israel, comienzo a entender que no hay otra forma de moverme hacia adelante salvo a través de golpes que vienen de Arriba. Nunca seré capaz de separarme de mi egoísmo y olvidarme de cualquier consecuencia de mi otorgamiento.

Después, pienso en el otorgamiento, ¿Pero cómo evito esperar recibir un beneficio personal de ello? Necesito recibir golpes reales para hacer esto de manera que sufra junto al Faraón por el uso egoísta de mi otorgamiento.

Entonces, vienen las plagas de Egipto, y quiero usarlas para elevarme por encima de cualquier interés personal, cualquier consecuencia personal de mi otorgamiento. En otras palabras, comienzo a esforzarme por otorgar por el bien del otorgamiento. La necesidad de deshacerme de mi ego comienza a formarse en mí. Esos diez golpes revelan la imagen de liberación en mí porque de otra forma, no seré capaz de ir al siguiente estado.

El exilio y la redención son determinados por la carencia del Creador y de Su presencia. Necesito entender qué es lo que llamamos Creador para que de alguna manera Él se manifieste ante mí en mi exilio y llegue a la redención. Que se manifieste a través de Su ausencia, pero yo simplemente quiero tener algún tipo de percepción de Él.

Es por eso que acontecen los últimos golpes. Siento cómo un golpe me beneficia cuando viene, porque tiene lugar una fuerte revelación del mal. Por otra parte, esos golpes son muy dolorosos, y me suceden directamente a mí en la forma de conmociones espirituales, internas. Sin embargo, estas realmente fortalecen más a la persona, como la sal que “conserva” la carne. Esos golpes traen una recuperación.

(40340 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/11/2011, Shamati Nº 86)

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta