Cuatrocientos años en el monte del odio

Pregunta: ¿Todas nuestras intenciones van directamente a la boca de Faraón, alimentándolo?

Respuesta: Todo depende de cuáles sean estas intenciones. Faraón es una fuerza especial, el ego que se desarrolla en contra de la Luz. Esta es la reserva del egoísmo, el deseo de recibir, el cual debemos construir.

En la sabiduría de la Cabalá, no existe “Faraón” sin “Israel”, es decir el esforzarse hacia el Creador dentro del hombre, que trabaja con el fin de unificarse con las otras partes y llega a otorgar. Por lo tanto en el grado de su aspiración hacia el otorgamiento, la persona construye al Faraón, cultiva sus deseos (Kelím) dentro de sí, de los cuales huye más tarde y los cuales corrige después de todo, siendo de tal modo recompensado.

Todo el trabajo en Egipto se encuentra en organizar al Faraón y hacerlo más grande, más poderoso y rico, es decir, agrandar nuestro ego desde el punto diminuto de nuestro egoísmo natural hacia el estatus del Creador. Después de todo, ¿Qué nos da todo este egoísmo? Este nos da los deseos por comida, sexo, dinero, fama y conocimiento, un diminuto ego en nuestro mundo, un ego corpóreo, el cual no tiene nada que ver con la espiritualidad. Este ego terrenal ni siquiera necesita corrección.

Al empezar a trabajar en nuestra unificación, descubrimos resentimiento, alienación, indiferencia a nuestra unicidad. Esencialmente, esta es la revelación del mal, pero sólo si una persona lo mira de esta manera. Después de todo, él puede decir que puede unirse con los otros y que este trabajo no es para él, incluso antes de que empiece el trabajo. Algunos empiezan y se debilitan, caen, y “mueren en la tierra de Egipto”.

Pero existen aquellos que lo soportan, gracias al entendimiento de que no hay opción. Ellos se mantienen en esto, una y otra vez, incluso ven que continúan perdiendo. Y trata como pueden de unirse con los amigos, fortalecer el grupo, independientemente de sus esfuerzos, ellos ven que nada funciona. Por el contrario, experimentan un deseo de criticar a los amigos y los retiran de su presencia a todos. Y una vez más, superan este destello de egoísmo.

Por lo tanto, una vez tras otra, todo lo que la persona ganó, todos sus esfuerzos, son consumidos por su ego, Faraón, el cual crece y se regocija. Una persona en sí construye todas estas propiedades dentro, a través de sus propios esfuerzos. Después, llega al estado en el cual no puede tolerar su ego por más tiempo. Y es en este momento cuando recibe las vasijas de Faraón (Kelím), deseos.

En otras palabras, el exilio egipcio empieza solamente con el trabajo de la persona hacia la unificación con los amigos. De hecho, ¿Qué merece Israel después de huir de Egipto, cuanto el Creador los liberó de este? Ellos ameritan la unificación en el Monte Sinaí (el monte del odio), todos como “un hombre con un corazón”, si sólo por un instante, hasta que esculpieron el “becerro de oro” y cayeron otra vez. Pero estas caídas son de naturaleza diferente ahora, dentro del oro que llevaron de Egipto, las “vasijas egipcias” ellos las tomaron, con el fin de recuperarlas y reformarlas.

Pero incluso, ¿Qué quisieron durante todos estos años de exilio? Ellos deseaban crear la unicidad entre sí que finalmente alcanzaron el Monte Sinaí. Y sin estos esfuerzos de cada momento para soportar el Monte Sinaí, los “400 años del exilio egipcio” no habrán pasado para ti.

(41115 – De la 2º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/21/2011, El Libro del Zohar)

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