El desarrollo de acuerdo con las leyes de la física espiritual

Todo el desarrollo sucede de acuerdo con los cuatro estados de HaVaYáH que surgen de la combinación de dos cualidades, del deseo de recibir placer y del deseo de otorgar, que empiezan a conectarse entre sí. Al principio, el deseo de recibir prevalece. Luego lo hace el deseo de otorgar. Después, trabajan juntos, y todo culmina con el grado final de Máljut que desea gobernar sobre todos con su deseo egoísta.

Por esta razón, cuando la Luz influye en el deseo, hace que se desarrolle de acuerdo con los cuatro estados hasta el estado de Dálet (Cuatro). Esta es la ley de la física espiritual. Esto da como resultado el desarrollo de acuerdo con los niveles inanimado, vegetativo, animado, y humano. El hombre mismo, también se desarrolla de acuerdo con los mismos cuatro niveles: inanimado, vegetativo, animado y humano en su interior.

Por eso necesitamos entrar en un estado cada vez, estar en él, y sentir sus defectos. Nosotros nos “guisamos” en un cierto grado de desarrollo hasta que comprendemos sus deficiencias y comenzamos a buscar el nuevo grado. Todo esto sucede de acuerdo con la ley de los cuatro estados del desarrollo, según la cual cada grado actual contiene siempre el lado opuesto del grado siguiente, que nos atrae.

Esta es la razón por la que inicialmente disfrutamos de cada nuevo estado alcanzado, pero luego empezamos a sentir que este estado es nuestro “exilio“. Este empieza a sentirse malo e insuficiente. De esta manera, carecemos de la vida “vegetativa” en el nivel “inanimado”, de la vida “animada” en el nivel vegetativo, y de la vida “humana” en el nivel animado. Sin embargo, ¿De qué carecemos en el nivel humano? ¡Carecemos del Creador!

Atravesamos estos cuatro estados de esta manera, los cuales se conocen como los cuatro exilios. Cada vez que sentimos que estamos en el exilio, queremos salir de este estado. Cada vez que ya no somos capaces de permanecer en un estado determinado porque la sensación de carencia se vuelve intolerable, vamos a un nuevo estado, y esta transición se llama “la redención”.

En resumen, hay cuatro exilios y cuatro redenciones. Hasta hoy, hemos atravesado cuatro exilios y tres redenciones en el transcurso de la historia de la humanidad, y estamos en el umbral de la liberación cuarta y última.

En nuestro estado actual, lo tenemos todo, excepto al Creador, la sensación y la conexión con Él para así poder sentir Su cualidad: otorgamiento y amor a los demás. Cuando una persona carece específicamente de esto, significa que ha alcanzado el cuarto y último estado, la sensación de carencia de la revelación del Creador.

No hay carencia mayor, esta es la carencia final. Esta es la carencia que necesitamos alcanzar con nuestros esfuerzos, ejercicios y trabajo mutuo. El hombre debe verificar si esto es realmente de lo que carece. Si no, todavía no se ha acercado a la liberación. Sin embargo, si tiene un entorno fuerte que tenga derecho a salir del exilio hacia la redención, es posible que ellos puedan sacarlo del exilio cuando salgan, puesto que deben llevar a un anciano, una mujer o un niño.

Los primeros en salir son los hombres (Gvarím), aquellos que son capaces de superarlo (Midgabrím). Ellos los jalan a todos, ayudan y guían de alguna manera. Los demás sólo tienen que estar listos para unirse con ellos, no para resistirse, teniendo el deseo de salir aunque sean débiles y carezcan de la fuerza necesaria para unirse. Sin embargo, no deben estar en su contra.

En otras palabras, necesitamos alcanzar un estado en el que sentiremos específicamente la carencia del atributo de otorgamiento y amor, de unidad, de garantía mutua. Este estado precede al nacimiento espiritual.

(41019 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/18/2011: “Esto es para Judá”)

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