La noche “caída del cielo” para escapar

Baál HaSulám, Béit Shaar HaKavanót (La puerta de las intenciones), capítulo “Con respecto al éxodo en la Pascua (Pésaj)”: En la noche de Pésaj, Zeir Ánpin crece hasta el estado más grande, y por tanto, en esta noche, es revelada una Luz tan enorme que es más grande que la Luz de Sabbath.

Todo lo que hay en Zeir Ánpin del mundo de Atzilút desciende hasta las almas. Si nosotros aquí, abajo, no pedimos y no evocamos ZA, este permanece constante en su pequeño estado, VAK, mientras que Máljut es sólo un punto. Donde existe sólo la Luz de VAK en ZA, Jasadím (Misericordia), Maljut no tiene nada ya que ella ha recibido deseos y no puede ser llenada sólo con la Luz de Jasadím.

Por lo tanto, este un estado de preparación que aun no tiene nada que ver con ninguna acción espiritual. Todos los otros estados están definidos según la altura a la que ZA pueda elevarse (por nuestra petición) por encima del estado pequeño.

El proceso al que nos sometemos durante el éxodo de Egipto, de estar esclavizados por los deseos localizados bajo el Parsá, no es simple y no corresponde con orden del trabajo acostumbrado: seis “días de la semana” seguidos por el séptimo “día”, el Sábado. El Sábado está dispuesto “en similitud con el mundo futuro” y, de acuerdo con el trabajo espiritual llevado a cabo durante los seis “días de trabajo”, nos trae el “despertar desde Arriba” y su resultado: deseos corregidos.

Sin embargo, el éxodo de Egipto es una “noche”, no un día como lo es el Sábado. Es una señal de que una Luz muy grande de Jojmá (Sabiduría) es revelada, la cual no está cubierta con la Luz de Jasadím. Por lo tanto, no se siente como Luz, sino como la “Noche egipcia”, la enorme Luz de Jojmá que no puede emanar hacia nosotros.

Estamos presentes constantemente en un océano de Luz, y, o somos incapaces de establecer alguna relación con esta (y entonces simplemente no la sentimos, justo como ahora), o podemos aproximarnos a la Luz y obtener exactamente la misma propiedad que esta tiene. Entonces, de acuerdo con la ley de equivalencia de forma, seremos capaces de sentirla. Si estoy en el mismo otorgamiento que la Luz, entonces entre nosotros, aparece una sensación común que es considerada la revelación de la Luz, del Creador, con los seres creados.

Alternativamente, puede haber un estado opuesto donde no siento que me aproximo a la Luz, al otorgamiento, sino al contrario, me siento más cercano a la recepción, mi oposición hacia la unificación. Esto no concierne a la simple ganancia material, sino específicamente a la carencia de unidad con las almas, que me hace sentir la oscuridad. Esto tiene un significado espiritual.

Siempre tratamos con lo que está por encima del nivel animal, es decir con el trabajo interno que produce un fruto “positivo” o “negativo”, y la persona siente transformaciones, ya sea como una Luz desplegándose o como oscuridad. Sin embargo, en el peor de los casos, la persona no siente nada de nada, lo que significa que no está trabajando en absoluto. La esencia de la historia de Pésaj es un orden (Séder) inusual de recibir las Luces que nos despiertan y nos guían fuera de Egipto.

(41131 – De la 3º parte de la lección diaria de Cabalá del 4/21/2011, Béit Shaar HaKavanót)

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