La primera innovación

Escritos de Rabásh, “la primera innovación”: Todas las innovaciones comienzan sólo después que la persona sale del amor propio. Por lo tanto, la Torá no puede ser enseñada a los idólatras. Cuando una persona está en Egipto, no puede ser judío porque es esclavo de Faraón, el rey de Egipto. Y mientras él es un esclavo de Faraón, no puede ser un esclavo al Creador.

Está escrito sobre esto, “Los hijos de Israel son para Mí”, ellos son Mis esclavos y no esclavos de los esclavos. Cuando una persona se sirve a sí misma, no puede ser esclava del Creador, porque es imposible servir a dos reyes al mismo tiempo. Sólo después de que una persona sale de Egipto, es decir, del egoísmo, puede ser siervo del Creador. Y entonces él puede recibir la Torá. De ello se deduce que la primera innovación es la salida de Egipto.

La persona que está dentro de su deseo egoísta es llamada un “no Judío”. La persona que se eleva por encima de su deseo egoísta, es decir, que viene de Egipto, es llamada un “Judío” (Iehudí) porque él alcanza la unidad (Ijúd) con la Luz, el Creador.

Es posible estudiar la Torá, es decir, las formas del otorgamiento, sólo al ascender, al salir de Egipto. Por eso está escrito que la Torá no puede ser enseñada a los idólatras, donde “no puede” significa “es imposible”. Es así porque, mientras que permanezcas en el deseo egoísta, no entiendes nada acerca de la espiritualidad y no tienes la menor posibilidad de alcanzarla. En tus deseos y pensamientos no puedes agarrarte del final de ningún tema que se extienda desde el mundo espiritual.

Tú necesitas medios auxiliares, y sólo por medio del uso correcto de ellos alcanzarás lo que deseas. Por lo tanto, todas las innovaciones y los cambios espirituales son posibles sólo después de salir de Egipto, es decir, del egoísmo. Hasta entonces, es imposible entender algo. Hasta entonces estamos en la oscuridad total y sólo podemos avanzar con los ojos cerrados o siguiendo las indicaciones de los cabalistas.

Esto es todo lo que nos queda, entender cuan opuesto es nuestro mundo al mundo espiritual. Para salir de la oscuridad a la Luz, no nos ayudará hacer un giro de 180 grados. Es así porque nuestra oscuridad es la oscuridad de Egipto, la cual no tiene una dirección hacia la Luz. Sólo gradualmente, al hacer las acciones correctas, podemos llegar al deseo correcto. A pesar de que este es egoísta, sin embargo, en virtud de la influencia de la Luz podemos salir de Egipto en la intención altruista de Lishmá.

Esto nos habla sobre estados que están absolutamente divididos entre sí. La persona que está en el mundo inferior, es decir, en el estado egoísta, en la intención “por el bien de la recepción”, es incapaz de comprender los planes y acciones de aquellos que son movidos por el otorgamiento. Una no tiene ningún contacto con la otra. Son programas totalmente diferentes que no se cruzan entre sí de ninguna manera.

En relación con el mundo espiritual, nuestro mundo no existe. Este se expresa sólo en la imaginación de la persona como una realidad previa, imaginaria que es necesario para entrar en la realidad espiritual, la cual es la única que existe. Todo lo que vemos e imaginamos aquí es similar a las visiones de una persona que está inconsciente.

Por lo tanto, todas las innovaciones, los alcances, y los cálculos verdaderos, comienzan con la salida de Egipto.

(40487 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá de 4/12/11, Escritos de Rabásh)

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